Zozobra

La población imbabureña siente un alto grado de desprotección. Las estadísticas hablan por sí solas y son reveladores los datos delincuenciales. Las denuncias, en comparación con los casos resueltos, son preocupantes.

Hay un estado de zozobra general (hay angustia, tormento, ansiedad, intranquilidad, desasosiego, congoja, preocupación) que no ha sido respondida con acciones efectivas. ¡Algo está pasando! La delincuencia crece y también el modus operandi de los delincuentes es más atrevido. Hoy los robos en los buses, sin importar edad; el abuso en las calles contra los niños y jóvenes indefensos, los robos a domicilio, los paquetazos, los robos al estilo ‘sacapintas’, etc., van en aumento y los culpables andan sueltos, gozando de impunidad y hasta diríamos de tranquilidad por la falta de efectividad de los planes de contingencia. Todos contribuimos con el Estado, aportamos para que haya seguridad, entregamos nuestros impuestos para que se nos proteja y se vele por la seguridad, pero los planes elaborados por parte de las autoridades son solo parte del discurso. Lo más grave, más allá de un robo o un ingreso inesperado a los domicilios por parte de los delincuentes, es la forma en que operan. Ingresan armados, amordazan, intimidan, impiden cualquier movimiento con golpes e insultos e incluso utilizan cables, sogas o cordones que están a la mano para inmovilizar a quienes, para mala suerte, estuvieron a la hora equivocada en el lugar de los hechos. La zozobra nos invade, al igual que  el no saber a ciencia cierta cuál es la capacidad de respuesta de quienes están obligados a cuidar de nuestra integridad y paz.