Yamores conflictivos

juan rualesUn amigo me ha preguntado si sabía acerca de un impasse que se ha producido alrededor del tema de la Reina del Yamor. A riesgo de estar equivocado le manifesté un punto de vista que lo hice público hace varios años, cuando el  controversial problema alrededor de otra candidatura indígena para este reinado.Al respecto, dije en aquel entonces que la Fiesta del Yamor es un hecho cultural mestizo, ideado por mestizos, organizado por mestizos, en una ciudad mestiza. También mestizo es el Inti Raymi, aun cuando ambas fiestas tengan, una más que la otra, orígenes ancestrales.
Sin embargo, luego de la primera etapa   del Yamor, que no solo fue una fiesta excluyentemente mestiza, sino de y para una élite huairapamushca; el Grupo Generacional  que yo le asocio, con el periódico “Síntesis”, tuvo el acierto de percibir lo que hoy denominamos la “interculturalidad” y, adelantándose al futuro, incorporó iconos  de nuestra otra mitad indígena a esta celebración, obviamente sin la connotación conceptual que medio siglo después aún no ha terminado de fraguarse. Desgraciadamente, el racismo de parte y parte pervive como una cosmovisión soterrada que los eufemismos no han podido erradicar. Uno de esos íconos fue la elección de una Reina del Yamor mestiza y de una Zara Ñusta indígena, para significar que la interculturalidad no significa la anulación de las culturas que conviven en un mismo territorio, sino todo lo contrario; la afirmación identitaria de las dos culturas hermanas aunque distintas, que convergen a un mestizaje sincrético donde ambas se hacen mutuas prestaciones de símbolos, costumbres y cosmovisiones que enriquecen las raíces de cada una, sin que tengan que invadirse unas a otras.
Así como los mestizos conscientes de su identidad participan en el Inti Raymi sin arrogarse la propiedad de un hecho cultural que es a todas luces sincrético; del mismo modo los indígenas deberían participar  con la misma actitud en el Yamor, respetándose mutuamente, sin tratar de despojar al mestizo de sus símbolos, como no lo deben hacer los mestizos respecto de los símbolos indígenas. La interculturalidad debe significar convivencia de etnias y culturas cuyo sincretismo afirma la identidad de cada cual, juntos pero no revueltos, hasta que desaparezcan las especificidades que nos enriquecen y enorgullecen mutuamente.