Y la cultura ¿qué?

Se acaban de elegir nuevas autoridades en todos los gobiernos descentralizados del país. En esta contienda acusada de estar amañada para que la ultraderecha se perpetúe, hubo ganadores y perdedores también de todos los sectores. Algunos buscando perpetuarse en su pequeño trono, otros buscando sentarse en él con diferentes intenciones; unos con sanas y alentadoras; otros con protervas y codiciosas. Sus discursos en todos los casos fueron los mismos, con distintas palabras y propósitos, pero ¡los mismos! Y no podía ser de otra manera si los problemas que deben resolver son los mismos para unos y para otros, acaso en lo que pueden diferir sea en la forma en cómo abordarlos, pero los problemas son iguales y objetivos.

Quizás lo que marque la diferencia entre unos y otros sea lo que vayan a hacer con la cultura, entendida esta, no solo como el arte y la literatura; sino como el motor identitario que ha movido el desarrollo de pueblos y naciones a través de la historia y que, de saber hacerlo bien, una vez puesta en valor, puede significar un salto cualitativo fenomenal en el desarrollo de la provincia y el cantón, pero para eso hay que regresarle a ver a la cultura con ojo científico y técnico, para que no se cometa el error de pensar que la cultura es el “patio trasero” del desarrollo y que se la puede tratar solo con vocación neófita.

Si quieren hacer política y no solo politiquería, eso deben cambiar las nuevas autoridades.