Voluntarios de TOPUC aplacan dura realidad de las personas de la calle

Mientras ellos dormían en las calles, algunos consumían bebidas alcohólicas y otros simplemente deambulaban sin rumbo, los miembros de la Fundación Todo lo Puedo en Cristo (TOPUC), los estaban buscando para que pasen un momento diferente. No era un día especial en el calendario, sino una jornada más de la iniciativa ‘Dando amor a quien necesita amor’.

El proyecto antes se cumplía cada mes, pero por la pandemia y riesgos de contagio, lo han realizado luego de seis meses. Los miembros y voluntarios de la fundación recogen a las personas en las calles, las llevan hasta un bonito espacio en donde les ayudan a bañarse, les regalan ropa limpia y zapatos, luego les cortan el cabello y barba y finalmente comparten con ellos un almuerzo y un mensaje, que les permita por unas horas, ver la vida de forma diferente.

La sonrisa en el rostro de los ciudadanos, que en su mayoría no tienen un hogar ni una familia que se responsabilice por ellos, fue el pago para el grupo de los 30 voluntarios que, con mucho amor y sin esperar nada a cambio, les ayudaron a mejorar su aspecto. Muchos de ellos llevaban días sin probar un plato de comida y subirse a la camioneta de “TOPUC”, fue una verdadera bendición.

Rafael Prócel es el fundador del grupo, quien conoce del mundo de las adicciones porque las vivió durante muchos años, junto a Linda, su esposa y eterna compañera. Junto a ella explicaron que todos los voluntarios de la fundación están preparados para este tipo de acciones, ya que no solo tratan con personas que viven en las calles, sino con privados en libertad, personas en adicciones, víctimas de violencia intrafamiliar y niños abandonados.

“Hacemos esto sin esperar nada a cambio y con mucho amor, quien nos conoce sabe que esta labor la cumplimos para ayudar a nuestros hermanos, con los recursos que diariamente gestionamos”, dijo Rafael.

El hombre también comentó que están deseosos de que el Municipio les otorgue un espacio para hacer su casa de acogida, donde puedan ofrecer permanentemente este servicio. “Ese es nuestro mayor anhelo y ya lo hemos solicitado a las autoridades, quienes nos han ofrecido, pero aún no tenemos la casita. No estamos pidiendo presupuesto, sino una infraestructura adecuada”, dijo Rafael.