Voluntarios estadounidenses llegan a Ibarra a mejorar la calidad de vida

vidaIBARRA. Estudiantes estadounidenses llegan a Ibarra como voluntarios de terapia ocupacional y brindan apoyo a los 30 pacientes que tiene el Centro de Rehabilitación, Educación, Capacitación, Estudios y Recursos INC; Crecer.

 

fundación. Desde 2013, Crecer abrió sus puertas para brindar atención a personas con discapacidad de escasos recursos. Esto fue posible gracias al sueño altruista de Elaine Keane, terapista ocupacional estadounidense, que contó con el apoyo de Susana Albuja, quien ahora es gerente del programa en Ecuador. El vínculo entre estas dos mujeres, fue el hijo de Susana, quien durante algún tiempo viajó a EE.UU y permaneció en el hogar de Elaine como su “hijo de intercambio”.
“En 2001 llegué al Ecuador con otro grupo y noté que no había terapistas ocupacionales en Ibarra para atender las necesidades de la población”, narró Elaine Keane, quien espera radicarse en el país el año próximo después de la jubilación de su esposo.
En 2012, la estadounidense inició conversaciones con la Universidad Técnica del Norte, UTN, para conseguir el espacio. La universidad entregó en comodato las instalaciones del exhospital y permitió que desde 2013 el centro abra sus puertas en la calle Juan Montalvo y Velasco. El centro se equipó con el apoyo de estudiantes voluntarios de Estados Unidos.
En una de las aulas, un árbol pintado en la pared, registra los voluntarios que apoyan la misión de este programa de ayuda social. Cada estudiante plasma su mano en la pared como si fuera una hoja del árbol. Elaine apoyó con su trabajo a diferentes fundaciones en el país antes de que “Crecer” inicie sus funciones.

beneficiarios. Los pacientes del centro no pagan por este servicio. El lugar se sustenta con el aporte que dan los estudiantes voluntarios y con ayuda privada, no recibe apoyo de ningún Gobierno. Cristopher Mera, de 6 años de edad, se beneficia del servicio. Él asiste a su terapia tres veces por semana desde enero pasado cuando le diagnosticaron autismo. Su madre, Carla Muñoz, dijo estar muy agradecida con los voluntarios del centro quienes han apoyado el desarrollo de su hijo.

“No pagamos ni un centavo por la atención y ha sido una ayuda muy grande”, expresó la madre.
Ella se enteró de este centro gracias a la recomendación de otra madre de familia del plantel educativo donde se educa Cristopher.
El material con el que trabajan es traído por los estudiantes desde EE.UU. También elaboran elementos que ayudan en las terapias con material reciclado.
Otro de los pacientes del centro es Luis Hernández de 65 años de edad.
Él sufrió un accidente al caer del segundo piso de un edificio mientras trabajaba, esto le ocasionó un fuerte trauma cerebral. Luis era electricista, por esto, la terapia que él hace tiene que ver con su profesión.

motivación. Este centro de rehabilitación para personas con discapacidad, busca mejorar la calidad de vida de cada individuo. La directora del centro, Elaine Keane, enfatizó que al tener un tipo de discapacidad una persona no se vuelve inútil, al contrario, puede realizar de otra manera las actividades. “Ellos pueden jugar, tal vez no de la misma forma que una persona con todas sus capacidades, pero pueden jugar”, mencionó la terapista.
Con esta mentalidad, los voluntarios realizan diferentes actividades con los pacientes. Trabajan motivando su motricidad y desarrollo cerebral.

voluntarios. Jill Innes y Julie Jacob, docentes de Saginaw Valley State Universuty, llegaron el sábado a Ibarra para ser parte del programa.
“La cultura es diferente a Estados Unidos. Los estudiantes aprenden mucho”, destacó Julie. Mientras que Jill, dijo haberse sorprendido con el cariño que pueden expresar estas personas, incluso sin conocer a los voluntarios.
Las pasantías se coordinan en un año. La directora del centro envía información de los pacientes y ejecuta reuniones vía Skype con los estudiantes. Cada estudiante paga a la universidad para hacer el voluntariado, ellos costean toda su estadía en el país. El centro “Crecer” apoya a la gestión de una fundación privada de rehabilitación para personas con discapacidad y un asilo de ancianos con los pasantes. En algunos casos los estudiantes realizan las pasantías en dos meses y otros lo hacen en 10 días.