Vivencias de Navidad

jacinto salasUno de los más francos y humanos pero, al mismo tiempo conmovedores relatos que se haya escrito es el que narra, en pocas palabras, el nacimiento de Jesús, en Belén.  Un evento que, en su sencillez y modestia, estuvo llamado a transformar el mundo como se recuerda, en estos días,  en buena parte de la humanidad.

No obstante, la moderna conmemoración de ese trascendental evento dista mucho de la modestia y humildad que caracterizó a la llegada de Jesús al mundo, alumbramiento cercado por la pobreza, por la cercanía a quienes carecían hasta de lo necesario, pero en medio de todo ello mostraban un ejemplo de nobleza e integridad. Estos fueron, precisamente, los invitados especiales de esa noche y los que recibieron los primeros mensajes que el recién nacido traía al mundo.
Hoy, en contradicción con las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesús, lo que caracteriza a la celebración navideña es la esplendidez, el boato, el exhibicionismo de los que lo poseen todo y que marca un profundo contraste con aquellos que siguen recordando el nacimiento de Cristo desde la pobreza.
De allí nace el olvido de las costumbres y valores tradicionales, el invento de celebraciones extrañas que llegan a marginar la rica y profunda vivencia íntima y familiar de la Navidad.
Y se omite o se reviste de indiferencia ese mensaje clave entregado a los pastores hace más de dos mil años: “Paz a los hombres de buena voluntad”. El síntoma de la sociedad actual no es de la paz, es el de la violencia, verbal, social, intrafamiliar, el de las armas.
Pensar en Navidad es volver a esos elementos que marcaron el nacimiento del Hijo de Dios, la sencillez, la paz, la solidaridad. Y es mucho más : volver a ese mensaje de la paz que se construye únicamente en un clima de respeto, tolerancia, buena voluntad.

 

Jacinto Salas Morales
salasjacinto@yahoo.com