Vivamos la vida sin prisa

Desde hace algunas décadas, los vertiginosos avances de la ciencia y la tecnología nos han obligado a los seres humanos a cambiar nuestros estilos de vida, formas de pensar, modos de sentir e incluso maneras de actuar con los demás.

Es evidente que en algunos casos estos cambios han facilitado nuestra vida, permitiéndonos vivir en un ambiente de comodidades, sin tener que realizar grandes esfuerzos o dedicar la mayor parte de nuestro tiempo a hacer las cosas; pero también en otros casos, estos cambios nos han complicado la vida debido a que necesitamos tener el presupuesto y dinero para acceder a ellos, disponer de los equipos e infraestructura para ubicarlos y poseer el conocimiento e información para poder utilizarlos. Más aún, estos cambios no solo han deshumanizado sino también materializado a un gran número de seres humanos puesto que les han ubicado como competidores en una carrera contra el tiempo, en la que deben hacer hasta lo imposible para adquirir más poder sobre los demás, ganar más para comprar más, disfrutar de cosas intrascendentes, sin tomar en cuenta que lo más importante no es tener poder, dinero o bienes materiales sino “vivir” la vida en paz y armonía. Es por ello, que el trajinar siempre de prisa, plantearse objetivos mezquinos e intereses personales, obliga a centrar la atención exclusivamente en lo urgente, ocultar hermosos sentimientos, no mostrarse como se es verdaderamente sino de acuerdo a conveniencias, circunstancias e intereses. Finalmente, estos cambios han dado origen también a la vivencia de antivalores como la envidia, irrespeto, egoísmo, fanatismo, deslealtad, prejuicio, inseguridad y hasta odio, que de una u otra manera afectan las relaciones interpersonales, generan conflictos institucionales, y dividen a los pueblos. Por todo esto, no dejemos que ni la ciencia ni la tecnología nos priven del diálogo, minimicen las tertulias, rompan el contacto personal y presencial con nuestros familiares, amigos, compañeros, y vecinos porque con ellos podemos disfrutar de momentos inolvidables que no serán guardados temporalmente solo en una fórmula, chip o disco duro sino por siempre en nuestra mente y corazón.  

 Kim Vivero Saltos
kvivero@pucesi.edu.ec