Visitas se reactivan y con ellas llega la alegría en el hogar de ancianos ‘Carmen Ruiz Echeverría’

COTACACHI.- Confianza y seguridad, es lo que busca transmitir el hogar de ancianos ‘Carmen Ruiz de Echeverría’ a las adultas mayores que en él residen. Siendo esta una institución sin fines de lucro, que se encuentra fielmente comprometida con el bienestar físico y mental del adulto mayor, brindando atención integral. Con el objetivo de aliviar el sufrimiento físico a través del camino religioso.

La idea de fundar el hogar de ancianos nace con la intervención directa de Monseñor Bernandino Echeverría Ruiz, quien tenía como objetivo dejar en Cotacachi, su tierra natal, un hogar en donde su misión sea velar por los derechos y bienestar del adulto mayor.

Entre los planes que Monseñor tenía para aquel hogar que con tanta ilusión fundó, estaba el deseo de que éste quede a cargo de un grupo de religiosas.

Es así que dicha institución abre sus puertas en junio de 1993, siendo dirigido por las Hermanas de la Congregación Mercedaria, mismas que hasta la fecha han mantenido la misión inicial con la que se fundó el ‘asilo’

Lidia Pilacuán hermana mercedaria, directora encargada del hogar de ancianos, asegura que a finales del año 2019 se cerró el convenio en el que contaban con ayuda gubernamental, “en este momento estamos saliendo adelante con ayuda de las religiosas mercedarias de Chile”, explicó.

Sin embargo, también aclaró que durante el año reciben donaciones de ciertas entidades que son de manera esporádica y de gran ayuda para la manutención del lugar.

Al ser los adultos mayores, la población más vulnerable frente a la pandemia de la Covid-19, el deber de los hogares de ancianos es salvaguardar su vida, por lo que las normas de bioseguridad en un inicio fueron mucho más estrictas.

“Pensábamos que ellos entendían, porque decían que no vienen a visitarles por el virus, pero con el tiempo empezaron a deprimirse” comentó Sor Lidia.

Sor Lidia cuenta que tras gestionarse la vacunación de las adultas mayores que residen en el lugar y del personal que trabaja con ellas, las visitas se han ido normalizando y las actividades que se realizaban junto a las abuelitas, se han reactivado de a poco. Durante el proceso jamás descuidaron su salud mental y emocional.