Víctimas sin voz

Tenemos que ser más sensibles al dolor de nuestros análogos, máxime en un momento en el que proliferan tantas víctimas sin voz, en un mundo cada día más crecido por las falsedades y el endiosamiento de los poderosos.

Se me ocurre pensar en esos niños concebidos por violación en tiempo de conflictos. Creo que debiéramos fomentar mucho más la solidaridad con estas gentes que han sobrevivido a la violencia social. En demasiadas ocasiones, estos chavales quedan en un limbo legal, como apátridas, convirtiéndolos en objetivos fáciles para el reclutamiento por parte de grupos armados, la radicalización, la trata y la explotación. De igual modo, también podríamos reflexionar sobre el maltrato psicológico y la explotación financiera que sufre el 10 % del colectivo de la tercera edad en el mundo. O, igualmente, sobre esos millones de migrantes que son víctimas del comercio de las redes de tráfico. Sea como fuere, todo este cúmulo de actividades delictivas, no han de quedar impunes. Es una verdadera inhumanidad, que atañe a cada país e incluso a los más desarrollados, que este tipo de arbitrariedades se sigan produciendo.

Desde luego, hay que impedir con urgencia que los criminales y corruptos se sustraigan a la justicia y tengan la última palabra sobre la ciudadanía. Nos merecemos otros cuidados y otros líderes. Para el liderazgo solo hay un camino: el servicio. No el servirse, sino estar al servicio, con una entrega generosa a la gente…