Utopías en ascenso

En Imbabura existe una serie de experiencias culturales particulares de indiscutible valor patrimonial, que sin ningún apoyo estatal las más y otras con pírricas ayudas, vienen construyendo la Cultura Viva de manera silenciosa, tesonera, audaz y relativamente exitosa. Me refiero al taller de teatro “Camino Rojo” dirigido por Rodrigo Villegas, al Taller de Teatro “Tereques” de Cecilia Gonzales, al Centro Cultural “Tahuando” de Olmedo Moncayo, al Centro Cultural del Colegio “Simón Bolívar” y su sala de cine “Sebastián Cordero” dirigidos por Rocío Tafur, a la Casa que Baila de Paco Salvador, a la Orquesta Juvenil “Atahualpa” dirigida por Mariuxi Navarrete y su esposo, en Otavalo al Centro Cultural “ Yarina”, al Centro Cultural de “Los Portales” y la Orquesta de Cámara de Linde Andrade entre otras experiencias culturales exitosas por el solo hecho de persistir contra viento y marea. Esto demuestra que la cultura en Imbabura es un proceso vivo, no por el Estado, sino por la utopía de los gestores culturales, algunos de ellos agrupados en el Frente de Artistas y Gestores Culturales del Ecuador FAGCE. Es a esta cantera patrimonial que las nuevas autoridades deben convocar para diseñar las nuevas políticas culturales, pues todos ellos se han fraguado, no en los limitados espacios burocráticos de las entidades públicas, sino en la trinchera de la gestión de la cultura viva y gracias a quienes Imbabura es una de las provincias de mayor producción cultural en todos los ámbitos del arte y la literatura.