Urgencia y necesidad de cambio

Los tiempos actuales nos exigen de actuaciones concretas. Tenemos señales claras que nos indican un sentido de urgencia y obligación de cambio. La violencia y las violaciones no pueden campear a sus anchas como si no sucediese nada. A propósito, un dato recientísimo: El Fondo de la ONU para la Infancia acaba de informar que más de 1,9 millones de niños han sido forzados a abandonar la escuela debido a una ola de ataques y amenazas contra las instituciones educativas en los países de la región central y occidental de África. Por otra parte, aún tenemos sistemas esclavistas que urge desmantelar. Ciertamente, tampoco es cuestión de activar en el mundo los enfrentamientos, pero sí de proceder de otro modo y de manera contundente, para que se respeten los derechos y obligaciones de todos los moradores del planeta. Además de que la fragmentación entre humanos no favorezca a nadie en un mundo globalizado como el nuestro, la pasividad aún menos, es menester resolver las diferencias, y no hay otra que el diálogo, para abordar las preocupaciones legítimas de toda la ciudadanía. Sea como fuere, no podemos continuar con este estrés inhumano que generan los conflictos por doquier parte del globo terráqueo, necesitamos impulsar otras concordias más justas, que nos reconcilien y no alienten a la contra natura, al racismo permanente y a la discriminación contra determinadas personas. Los pueblos, los Estados, el mundo en su conjunto, han de cooperar entre sí, modelando nuevas implicaciones solidarias.