Una vida marcada por la música y las ganas de sobrevivir

Otavalo. Pedro Gualsaquí hace honor al refrán que “al buen músico el compás le queda”.

Tiene 88 años y sigue mostrando su talento. Aunque no tiene la agilidad de años anteriores, conserva la magia y su tono de voz.

Don Pedro fue uno de los músicos fundadores de la banda municipal de la ciudad. Aunque reconoce que nunca le pagaron, pues en aquellos tiempos no tenían recursos y todo era totalmente diferente a la realidad de hoy.

Trayectoria. Durante su juventud se presentó en varias ciudades del país, con los distintos grupos del momento.

Tocaba el trombón y la guitarra, lo recuerda con lujo de detalles. “Yo era pendonero y coraza, en mi tierra la música se lleva entre las venas”, dijo.

Pero no todo es color de rosas, los años no pasan en vano. Actualmente Pedro es parte de la Fundación Manos Amigas de Otavalo, donde comparte con otros abuelitos que viven como él. Tiene hijos, pero prefiere hablar de su nueva familia, que son los integrantes de la fundación a la que asiste todos los días.

“Vine aquí pues ya no podía trabajar, dejé la música y todo. Aquí me tratan muy bien, estoy contento”, explica el octogenario.

Reconocimiento. Pedrito como lo llaman sus amigos, vende caramelos por las calles de la ciudad, para mantenerse. Aunque no todos los días vende como quisiera, reúne lo justo para sus gastos. “La gente que me reconoce me compra”, destaca. A pesar de las dificultades que tiene, su amabilidad y jovialidad, no se le han perdido. “Soy de San Rafael de la Laguna, la tierra de los Corazas. Yo fui músico hasta los 75 años”, recuerda con nostalgia.

Presente. Don Pedro, es parte de esa triste estadística de 522 mil personas que superan los 65 años y no tienen las condiciones necesarias para vivir cómodamente.

De acuerdo a las cifras que maneja el Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC en Ecuador, el 57,5% de los adultos mayores forman parte de la Población Económicamente Inactiva (PEI). Mientras un 42,5% integra la Población Econó-micamente Activa.

“Manos amigas”. Es una fundación otavaleña que viene trabajando en la localidad desde 1992. Durante estos 27 años, su labor ha estado dedicado a la niñez y los adultos mayores.

“Para nosotros los abuelitos son muy importantes. En el caso de don Pedrito, es una persona muy alegre. Ha venido acá, pues se encuentra solo, él nos alegra con su música. Aquí tiene una buena atención en salud y lo que es terapia ocupacional”, explica Marcela Flores, administradora de la organización.

Trabajo silencioso. La hoy fundación nació como un grupo católico de la parroquia San Luis.

Actualmente 70 personas son beneficiadas de este trabajo silencioso, que se lo realiza en todo el cantón.

El proyecto de atención también se lo realiza en el sector de Punyaro Alto, donde son atendidos alrededor de 30 adultos mayores, los mismos que reciben alimentación en la casa comunal de lunes a viernes.