Una sentencia

El papel de un periodista no es juzgar. Mucho menos la sentencia de un Tribunal. Cualquier juicio provendrá de la sociedad, la historia y la propia conciencia de cada juez. Casi 300 días después de los trágicos incidentes suscitados en el control policial de Mascarilla, el 23 de agosto de 2018, el Tribunal Provincial de Garantías Penales, con el voto salvado de uno de los tres jueces, dictó la sentencia: tres años y cuatro meses de prisión para el policía David Eduardo V.C. Sin embargo, muchos ciudadanos se preguntan: “Dónde están los que originaron el problema. Huyeron, viven libremente”? Por qué para esos ciudadanos, enterados de los acontecimientos por las redes sociales, parecería que los tristes eventos de agosto, se los quiere responsabilizar, exclusivamente, a la Policía. Se olvida que la muerte del ciudadano Padilla, tuvo antecedentes, amenazas y agresiones a la integridad y vida de los policías, causa inmediata, de los acontecimientos posteriores que desencadenaron la tragedia. Qué proceso han seguido la Fiscalía y la Justicia contra todos esos responsables? Hasta ahora, que se sepa, no existe un solo detenido, sindicado y mucho menos enjuiciado por esos hechos. Tampoco por los funestos acontecimientos posteriores. Un velo de silencio, de impunidad los cubre . Lo peor que le puede ocurrir a la justicia es ser selectiva: juzgar y condenar con rigor al que voluntariamente se entrega. Premiar con el olvido al que huye, como en Mascarilla. Esto debe cambiar urgentemente, y ya.