Una rara enfermedad afecta a dos hermanos y necesitan de su ayuda

ayudaIBARRA. Benito León abre la puerta de su casa, atrás de ella se encierra una batalla constante por sobrevivir.


Esta batalla la libran Benito, de 38 años, su hermano Mesías, de 46, junto a su padre Alejandro, de 89 años de edad.

Mesías se encuentra sentado en la mesa, tiene puesto un trapo húmedo que hace las veces de delantal, la sopa que intenta tomar cae más en la ropa que en su estómago.

Benito y Mesías sufren de ‘Corea de Huntington’, una grave y rara enfermedad neurológica, hereditaria y degenerativa. Su madre, que ya falleció, padeció de esta enfermedad.

 

Si usted desea colaborar con esta familia, comuníquese al 0991388820. Ellos necesitan pañales de adulto, ropa, un colchón y alimentos.

Aquel día, los hermanos se encontraban solos, Alejandro, su padre, se encuentra hospitalizado debido a un derrame cerebral que le paralizó las piernas. La espalda de Alejandro está muy afectada porque él duerme en una cama sin colchón.

Mesías y su padre reciben el bono de desarrollo humano de cincuenta dólares cada uno. Este ingreso mensual de cien dólares, lo invierten en el pago de los víveres que Benito adquiere en una tienda cerca de su casa. Cuarenta dólares gasta en pañales que necesitan usar los tres, y los diez dólares restantes le sirven para alguna emergencia.

Paola Zapata, sobrina de los hermanos, los visita cada vez que puede. Al cuidarlos, ella descubrió su vocación de servicio, por eso ahora estudia la carrera de Auxiliar de enfermería los fines de semana en la Universidad Técnica del Norte.

Paola los cuida con mucho cariño y dice que pese a que la enfermedad los hace perder la memoria, esto no ha ocurrido con ellos, “pues Mesías, el más afectado con la enfermedad, reconoce a Paola, a Isabel Obando y Teresa Aguirre, familiares que cuidan de ellos cada vez que pueden”.

Mesías recuerda también su programa favorito, “El Chavo del 8”, y como ya no lo transmiten, ahora disfruta de ver novelas, principalmente su favorita es ‘Carita de ángel’ en Ecuavisa, que él siempre pide que se la pongan para mirarla con su padre.

Paola recuerda el día que tuvieron que llevar a don Alejandro al hospital. 

“Fue muy triste porque Benito no quería que se lleven a su papá, estaba preocupado porque iba a estar solo y porque quizá no alcance el dinero para los pañales”.

Miryam Ibujez es educadora social del Ministerio de Inclusión Económica y Social, ella los visita cada quince días; les enseña cómo deben asearse, ordena sus cosas e inyecta una chispa de alegría en medio de la monótona existencia de estos seres.

Miryam solicita una vez al mes un carro de la junta parroquial de San Roque para llevarlos al hospital Eugenio Espejo, en Quito con la finalidad de que un doctor en neurología los examine. “Este especialista les envía una medicación que deben tomar todos los días para mantenerse estables, Benito necesita además medicación para conciliar el sueño, sin embargo, no sabemos si toman o no la medicación porque hay días que permanecen solos”.

La educadora del MIES, Miryam Ibujez. menciona además que ellos requieren de una persona que los cuiden todo el tiempo, que les cocine, que les asee, les ponga la comida en la boca, pues con sus movimientos involuntarios ellos no pueden ingerir los alimentos.

Paola, que los conoce bien, cuenta que ellos se sienten tristes, pues un día fueron normales, caminaban, jugaban, sonreían, hablaban con total normalidad, sin embargo hoy no llevan una vida digna. Benito tarda hasta tres minutos en expresar una frase, sin embargo él se inquieta por expresar que necesitan ayuda, que les hace falta pañales, ropa y alimentos.

“Nosotros somos muy pobres, quisiera que me ayuden con el bono”, alcanza a decir, mientras limpia la sopa de fideo que su hermano derramó en la mesa.