Una necesidad imperiosa

Ni la pretendida Ley de Medios, ni la reforma electoral, ni el Código Penal, ni el amedrentamiento podrán callar la voz de los ecuatorianos, del pueblo, de los periodistas, de la prensa independiente. No habrá Ley alguna que silencie y frene la palabra. La libertad de expresión más allá de constituirse en una garantía constitucional, es sin duda alguna, un derecho humano no negociable.En una democracia que se respete y que quiera llamarse tal, la consideración a la opinión ajena, provenga de donde provenga, es una necesidad imperiosa, las leyes no pueden estar sobre la Constitución, lo que significa claramente que la libertad es de todas las personas y no como se quiere hacer creer a propósito desde el oficialismo, patrimonio de los medios de comunicación y periodistas para acusar y desacreditar la gestión gubernamental. La pretensión del gobierno transitorio, de que la sociedad acepte innumerables ¨normas legales¨ es desproporcionada e ilógica por decir lo menos. La libertad de expresión es la base de la democracia…  vivir diariamente un proceso peligroso de amenaza contra la vigencia de ese concepto de independencia es inaceptable…  imposible percibir como tolerable en pleno siglo XXI leyes punitivas, controladoras, sancionadoras, examinadoras e investigadoras como herramienta para la consolidación de un modelo político absorbente como el que experimentamos, aunque el discurso diga lo contrario. Experimentar como pauta política en algunos países de América Latina un espacio de satanización y criminalización direccionada a quienes objetan a los gobiernos populistas, es parte de una “revolución regional”  que busca desestabilizar instancias respetables…  sin duda, el deseo de quienes pretenden imponer este modelo, es frenar al pueblo y a la prensa crítica la exigencia sobre la rendición de cuentas como un elemento primordial para frenar la corrupción, error flagrante en todos los ámbitos de la gestión de gobiernos plenamente identificados. El respeto al periodismo crítico lo visualizaremos cuando la presidencia, al constituirse en responsabilidad de un funcionario público pasajero, de paso a otro gobernante y se experimente una conducción con criterio diferente al presente en temas como los que en la actualidad preocupan. 

Ramiro Bucheli Proaño
rbucheli1@hotmail.com