Una mujer que carece de todo, vive sola y necesita de ayuda

anciana

IBARRA. Su mirada está triste y sus manos están tiznadas de negro por el carbón y la leña que utiliza para preparar su alimento, que casi siempre consiste en una taza de café o una colada de harina de haba, cuando obtiene unas pocas monedas luego de pedir limosna.


Así pasa la vida de María Tránsito Sandoval, que a sus 92 años vive sola, sin ninguno de sus nueve hijos.

Su casa se reduce a escombros entre cuatro paredes de adobe y techo de teja en mal estado. No tiene luz ni agua. El líquido que lo obtiene para preparar su café y sus coladas lo obtiene de la ayuda de vecinos.

La vejez ha deteriorado un poco su oído, casi no escucha, por eso hay que hablarle alto. “Anteayer me trajeron pan, café y azúcar… eso hace Dios…”, son las palabras de María Tránsito, que se emociona cuando habla de la ayuda y de lo que ella llama caridad de la gente.

Siempre está sentada en un banco de madera frente a la tulpa humeante y las ollas negras y rotas de tanto uso.
En donde cocina también duerme en una improvisada cama hecha de palos y tablas.

Está pensativa. Su pensamiento de todos los días es qué va a comer y dónde saldrá a pedir caridad.

“No tengo ni para una rama de cebolla…”, se lamenta. Ayer pudo desayunar café y pan que le regalaron. En ocasiones no se lleva nada al estómago.

Recuerda cuando ladrones no le tuvieron piedad y le robaron las ollas viejas y su colchón.

Jaime Herrera caminaba para recordar a su madre fallecida, en medio de su tristeza, se encontró con María Tránsito y le conmovió la manera en que la mujer vive. Desde que la conoció le regala pan y algo de alimento.

Cobijas, alimentos, utensilios de cocina es lo que necesita María Tránsito, pero también necesita un espacio más cómodo para vivir, pues donde reside corre riesgo por el contacto que tiene con el fuego cada vez que se sienta a preparar su comida. Las personas que deseen ayudar a María Tránsito pueden comunicarse a Diario EL NORTE al número telefónico 2644464.

Ella vive en la Hernán González de Saá, en la vía que conduce a Tanguarín, en el barrio 20 de Octubre. El cuarto en el que vive es de adobe y se encuentra en mal estado.

María Tránsito les agradecerá con un “Dios les pague”. A sus 92 años su única compañera es su vieja tulpa en medio de las paredes de adobe. Le falta todo, hasta el afecto de sus hijos.