Una llamada a entenderse

No hay civilización que perdure en el cuerpo a cuerpo, ojalá aprendamos a ser más corazón que hazaña, más existencia que irrealidad, más espíritu fraterno que necedad entre nosotros. Olvidamos que somos puro latido de verso, encaminados a entendernos, si en verdad queremos entrar en el auténtico reino de la poética, como ese viento que siempre permanece para darnos aliento y no fenecer en los propósitos. Desde luego, cada día es más complicado ser coherentes con nuestra actitud de entrega a los demás, y lo es, porque nosotros mismos nos negamos a esa cultura de acercamiento, y más bien mostramos indiferencia hacia el prójimo. El mundo se ha vuelto oscuro, porque sus moradores no son claros, ni en sus lenguajes, ni en sus miradas, ni tampoco en sus acciones. Somos una sociedad que todo lo incumple, irresponsables a más no poder, con el discurso del odio siempre en los labios, alimentando venganzas y nutriendo el planeta de un salvajismo que nos retrotrae a otras épocas ya pasadas, que debieran habernos servido para superar esta forma cruel de proceder entre nosotros. Lo cierto es que nada es lo que parece, el mundo de la falsedad nos ha dejado sin verbo, y lo que es peor, con un talante interesado, que nada tiene que ver con una verdadera actitud de amor hacia nuestros análogos. Hemos venido para vivir amándonos. La paz es el verso perfecto para cualquier espíritu andante. La incivil realidad habrá pasado entonces a ser historia pasada.