Un título de honor

En un mundo tan competitivo como el que estamos viviendo es muy común encontrar en cualquier sitio a hombres y mujeres que por su preparación académica y estudios universitarios han obtenido títulos de tercer y cuarto nivel, que les acreditan ejercer una profesión, y hasta cierto punto, les garantizan que los conocimientos, competencias, y valores adquiridos les permiten trabajar sin dificultad. Es así que, hoy trabajar y estudiar para obtener un título no es difícil puesto que existen un sin número de universidades nacionales y extranjeras que permanentemente convocan a participar en atractivas ofertas académicas, y en tentadoras modalidades de estudio que facilitan seguir una carrera desde la comodidad de los hogares sin tener que trasladarse a las instituciones educativas. Sin embargo, para ciertos profesionales, la obtención de estos títulos ha contribuido a elevar su ego, vanidad y orgullo hasta llegar a olvidarse completamente de que lo primero es ser Señor para luego ser Licenciado, Doctor, Arquitecto, etc. El título honorífico y digno de Señor no se lo puede adquirir ni por estudios relevantes ni en la mejor universidad del planeta, sino sencillamente por méritos personales, cualidades innatas, y valores cívicos. Es por ello, que no debemos minimizar a nadie por no tener un título académico, sino dar el verdadero valor que el título de Señor tiene porque al ser otorgado por la sociedad no lo puede quitar nadie en toda la vida.