Un museo de Angochagua trata de rescatar las raíces del pueblo kichwa caranqui

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Ibarra.- Angochagua es un paraíso escondido, además de sus hermosos paisajes y su gente hospitalaria, aquí también tratan de rescatar las tradiciones culturales.

El museo Samay Huasi que en español significa ‘Casa de Descanso’, está construido con paredes de adobe y techo de paja.

Esta es la casa de Fernando Colimba, que desde 2006 con su familia trata de rescatar las raíces del pueblo kichwa Caranqui.

Algunas de las piezas arqueológicas fueron de sus abuelos, otras las ha conseguido a través del trueque o comprando.
A él no le importa gastar el poco dinero que tiene para recolectar estos materiales, lo interesante para Fernando es que la gente y sobre todo los niños, sepan de dónde vinieron y qué usaron sus ancestros.

Visita.- El museo ha recibido a miles de turistas de la zona y de países como Estados Unidos y China. Luego de recorrer el área y conocer la historia de las piezas Fernando y su esposa Rosa Sandoval entregan un cuaderno para que los visitantes registren sus nombres, el lugar de dónde llegan, la firma y cédula.

Los turistas han registrado sus datos desde el 28 de marzo de 2016.

El fundador del museo asegura que el objetivo es seguir manteniendo la cultura y los materiales que los abuelos utilizaban.
Fernando indica que no ha recibido el apoyo de ninguna entidad, además comenta que por ser un emprendimiento privado le han informado que no pueden aceptar fondos públicos. Pero para sacar adelante el museo la familia se dedica a la agricultura.

Colimba asegura que la comunidad es resistente de la conquista española. “Es por eso que la iglesia está fundada el 17 de noviembre de 1837. La historia nos dice que con la religión nos adoctrinaron, la iglesia de la parroquia fue la primera de la provincia”, explica Colimba.

Siembra.- Rosa, quien también ha formado parte del emprendimiento, cuenta que rescatar las raíces de sus ancestros ha sido una tradición familiar.
Ella no pierde la costumbre, sobre una piedra grande y con una pequeña piedra muele el maíz que es cosechado en su terreno. Esto también demuestra a los visitantes. “Uno no puede salir a la ciudad y es por eso que trabajamos aquí mismo para sustentar a la familia, invertimos pero no podemos recuperar lo suficiente”, dice Rosa, quien siembra quinua, melloco y cebada.