Un médico rural en su primer día de trabajo

portadilla-ibarra“Siempre el primer día en un nuevo trabajo te genera ansiedad, creo que el desconocimiento a dónde vas; con quién vas a trabajar, esas cosas me ponen nervioso”, dijo Diego Velasco, de 30 años, una noche antes de su primer día como médico en la rural.


No pudo dormir, Diego despertó cansado a las seis de la mañana, tomó una ducha, desayunó y se preparó para dirigirse al Centro de Salud. Salió de la casa a las siete y media con un mandil blanco en la mano. Miguel Ángel, su suegro, lo llevó en su auto pequeño color gris hasta el Centro.
Diego entra a las ocho de la mañana a su trabajo, ayer, su primer día, llegó a las 07:45. Afuera, una larga fila de personas esperaba que abrieran el Centro. Entró, preguntó por el director Narciso Cadena, una señorita le respondió: “Espérelo unos minutos”.
Mientras esperaba sentado, Diego observaba el subcentro, minutos después, la fila de personas que estaba afuera ingresó ordenadamente para adquirir un turno y ser atendido.    
Se casó hace seis años con Lisbeth de 32 años, con quien procreó a la pequeña Isabela, de cinco años, pero él está solo en la ciudad, su pequeña familia vive en Quito. En su proyecto de vida está quedarse a vivir en la ciudad con Isabela y Lisbeth.

 

ESTUDIO
Mientras se escuchaba la bulla de las personas, contaba que estudió medicina seis años en la Universidad Tecnológica Equinoccial de Quito. Pero a los 18 estudió fisioterapia en la Universidad Central.   
El internado lo hizo en el sexto año de medicina en el Hospital Enrique Garcés del Sur de Quito. Los minutos pasaban y seguía sentado esperando al director, Diego estaba con ganas de empezar su trabajo.  
Después de que pase un año en el Centro de Salud, Diego dice que espera estar radicado en Ibarra.
La larga fila de las personas aún permanecía adentro, más gente llegaba. Tal vez, a pedir un turno, esperar su turno o acompañando a alguien.
Diego seguía contando su vida con la medicina. Después de la rural tiene pensado hacer la especialización en medicina deportiva, ya que está vinculada a la fisioterapia, la primera carrera que estudió en la Central.
-Cuando ejercía lo de fisioterapia trabajé en un equipo de fútbol-, es el área que más le llama la atención.   
Los médicos, enfermeras, asistentes, odontólogos, ginecólogos… que trabajan en el centro ya empezaban la rutina diaria en cada una de las áreas.
Diego se sentía ansioso, quería saber en qué área lo iban a ubicar para poner en práctica los conocimientos que adquirió en un taller y en la universidad.
Faltaban cinco minutos para las ocho cuando el director se acercó donde Diego a extenderle la mano para saludarlo, lo invitó a pasar a una de las oficinas, los pacientes permanecía sentados en una sala del Centro.  El director Narciso le explicó cómo funciona cada área del centro, Diego escuchaba con atención, aún estaba nervioso, tal vez más.
Luego de unos minutos de explicación, se puso su mandil blanco. En uno de los bolsillos, sobre el pecho, estaba su nombre: Dr. Diego Velasco. Conoció el personal que labora en el centro.  Después de un recorrido con el director, Diego se quedó con dos doctoras, Karla y Estefanía. Mientras pasaba la mañana le explicaron lo que debía hacer.
Una paciente entró, Diego observaba a Estefanía cómo hablaba con la paciente. Y ahí empezó su trabajo, examinó con detalle la garganta, el pecho, estómago y espalda de una mujer colombiana que llegó con escalofrío.
Se sintió bien cuando terminó de revisar a la mujer. Diego almorzó cerca del Centro de Salud, allí se quedó hasta las cinco de la tarde. Hoy su rutina diaria será similar a su primer día de rural.