Un incidente trágico

El preocupante evento ocurrido en Mascarilla, con un joven fallecido, una niña en la orfandad, un patrullero, las instalaciones policiales parcialmente incendiadas y una comunidad conmocionada, merecen un análisis que involucre no solo a las autoridades sino a la propia comunidad.

El análisis debe superar la información incompleta de las redes sociales, el escenario netamente policial –ciertamente obligatorio por las implicaciones de los hechos– , e ir más allá. Establecer -si acaso las hay-, las razones sociales, legales y económicas que explican el suceso. Aquellas que, en reiteradas ocasiones se repiten y que enfrentan a moradores, comunidades y las fuerzas del orden.

Si en los últimos años, comunidades del Valle del Chota han superado las limitaciones y el marginamiento sufrido por décadas. Como Salinas que incursionó en el turismo y la recuperación cultural. Y Piquiucho, con el apoyo y gestión de uno de sus hijos, supera carencias de siglos, o cuando hombres y mujeres de la zona, llegan a las universidades y logran títulos profesionales resulta inaceptable que moradores encuentren en una mal entendida solidaridad excusas para justificar procedimientos incluso ilegales, como contrabando o el enfrentamiento con las fuerzas del orden. En el evento de Mascarilla, debe primar la justicia. Descubrir a los responsables. Sancionarlos.

Y exigir a la comunidad el respeto irrestricto a la ley, más allá de una supuesta solidaridad absurda con quienes la incumplen.