Un derecho de todos

Más allá de las agrias críticas a los medios de comunicación -para admirarse, en los propios medios de comunicación- y más allá de creer o pensar que  la libertad de expresión solo está en las mentes de unos pocos, hay que comprender que la libertad de los ciudadanos a poder pensar, opinar, comentar, informar e informarse es un derecho y no una mercancía con la que se puede jugar.

Se puede discrepar en la forma en que se enfoca este derecho, pero  nunca se puede bloquear la necesidad del ser humano a conocer, por el medio que sea, la verdad de lo que sucede a su alrededor, la verdad de los hechos, las circunstancias en que se suceden, las causas y sus efectos. Para ejercer este derecho humano por naturaleza, no pueden existir cortapisas, no pueden plantearse antojadizamente fórmulas que pretendan acallar a la prensa, que busquen censurar, porque al final el objetivo, aparentemente inofensivo, trastocaría el derecho de los ciudadanos. Si hay excesos, si hay problemas que generen los periodistas y los medios, ya existen leyes en el país, en los ámbitos civil y penal, para determinar la responsabilidad ulterior. El próximo sábado en la consulta popular se juegan cosas importantes y entre estas están los temas de la comunicación. Las maniobras no pueden irse en contra del sentido común.