Tres realidades distintas de ver y entender la muerte

Otavalo. El Día de los Muertos se celebra de diferentes maneras y en función del origen y tradiciones de cada pueblo o nacionalidad en Ecuador.

Las ceremonias, rituales, la cosmovisión andina y afroecuatoriana, fueron analizados en un conversatorio intercultural que se realizó dentro del ‘Wawa Pan Fest’.

En Imbabura la celebración es distinta, colorida, alegre y dolorosa. Es una festividad que hace referencia a la muerte, pero desde otra perspectiva.

Sentir. El culto era una forma de sentir de cerca a los fallecidos. En la actualidad las personas visitan los cementerios para convivir con las almas de sus seres queridos. Se decoran sus lápidas y comen los platos preferidos del difunto.

“Para nosotros como Pueblo Afro, esta celebración representa un encuentro con los ancestros. Ahí revivimos unas de las tradiciones más grandes que es el tema de los animeros”, reconoce Iliana Carabalí, gestora cultural afrochoteña.

Ese personaje identitario del Pueblo Afro, en la Cosmovisión indígena es representado por el Ángel Kalpay (Ángel que corre, en español), persona que acompaña con rezos y solemnidad a los deudos durante su estadía en el camposanto.

Suerte distinta se vive en la población mestiza. No hay celebración sino un momento de respeto, silencioso y solemne.

Personas vestidas de negro que guardan un dolor que parece no existir en el pueblo indígena.

Encuentro. La gastronomía es otro punto diferencial entre las tres cosmovisiones. Los kichwas se deleitan con distintos tipos de comida al interior del camposanto. Los deudos de los fallecidos comparten la comida con sus muertos. A esta práctica se la denomina Wakcha karay (Ofrenda de la comunidad).

De esta manera, se refleja la cosmovisión indígena que considera que tras de la muerte hay una segunda vida.

Para los mestizos y afros, esta práctica es respetada pero no compartida.

Unión. La fiesta de finados se ha convertido en una de las más auténticas por lo arraigado y por la forma en que la vive cada comunidad.

Es reencuentro. De acuerdo a la cosmovisión indígena, las personas no se acaban con la muerte sino que pasan al mundo espiritual. Es por ello que los deudos llegan con la comida favorita de las personas que partieron antes, al más allá.

Para Alberto Pilatuña, del pueblo Quitu Cara, el concepto de la muerte no tiene cabida en su tradición. Para ellos de acuerdo a su cosmovisión cada individuo cobra vida convertido en otro ser vivo tras fallecer. “La muerte no existe, cuando nosotros morimos nacemos en otra forma de vida”, explica.

Festejo azteca. En México, el Día de Difuntos es una de las celebraciones más emblemáticas y conocidas. Para los aztecas se festeja el retorno temporal de familiares y seres queridos fallecidos. La fiesta se ha convertido en Patrimonio Cultural Inmaterial, según la Unesco.

“Con el tiempo se ha generado expresiones populares que han hecho de esta época del año una de las más especiales en un país, donde la muerte se vive de una manera única”, explica Alberto Garrido, conocedor de la cultura mexicana.

Lisbeth Muenala (c) llora la muerte de su hijo, junto a Joffre Flores, durante la obra de teatro.
Luis Cabascango (i), junto a Pedro y Llipyan Cabascango, durante el ritual previo al inicio del conversatorio sobre el Día Difuntos.
Tania Muenala, personifica a la madrina del niño muerto. Para ella, la muerte es la separación del cuerpo con la parteespiritual.