Tres poetas anteños

En los poetas anteños: Pedro Manuel Zumárraga, Gonzalo Aguinaga y Rafael Arias, se refleja el paso de la poesía naturalista y social, a la críptica.

“Brumas de Otoño”, de Zumárraga, y “El otro yo de nosotros”, de Arias, han perdurado.

En 1968, Zumárraga editó esta obra y, en el 2009, fue difundida y digitalizada en la Universidad de Texas, de U.S.A. En 1977, escribe su libro: “Flor de mi otoño”, en Ibarra.

En 1982, editó su obra: “Poesía Imbabureña”, con prólogo de Alfredo Rodas Reyes, publicada por la CCE, Núcleo de Imbabura.

El 2007, se vuelve a difundir su obra literaria en Ecuador y California.

En el poema “La muerte de Cristóbal Pajuña”, Gonzalo Aguinaga, describe a los indígenas con “piel de maíz” en su poesía social.

Sobre Rafael Arias, Susana Cordero de Espinosa, dice: “tiene, sobre mucha gente, una admirable ventaja: sabe cuál es su camino, no reniega de él y lo sigue construyendo paso a paso, en el trabajo, la paciencia y la búsqueda. Ese camino en el que imprime su signo es la poesía. Nada fácil, por cierto: un convenio del hombre con la palabra; un ansia de instaurar lo permanente, como diría Heidegger, de hacer patente el ser, de revelar lo sencillo y la medida.

La poesía críptica ofrece infinitas posibilidades de interpretación, como todo lenguaje válido; búsqueda esencialmente existencial que quiere encontrar, construir, mejor, esa presencia evasiva que él es, que somos todos, en la palabra precisa”.