Tres jóvenes recibieron la ordenación como diáconos

Tres jóvenes fueron ordenados diáconos el miércoles 11 de agosto en un acto religioso muy especial y lleno de simbolismos.

“El Diácono es definido como el oído, el corazón y el alma del Obispo. El Diácono está a disposición del Obispo para servir a todo el pueblo de Dios y cuidar de los enfermos y pobres; por eso es llamado el amigo de los huérfanos, de las personas piadosas, de las viudas, fervoroso de espíritu, amante del bien. Además, se le ha encomendado la misión de llevar la Sagrada Eucaristía a los enfermos que no pueden salir de casa, administrar el bautismo y dedicarse a predicar la Palabra de Dios según las expresas directivas del Obispo”, fue la primera reflexión del Obispo de la Diócesis de Ibarra, monseñor René Coba Galarza, durante el acto religioso especial cumplido en la Catedral de la Ordenación Diaconal de tres jóvenes imbabureños: Klever Gustavo Chuquín Farinango, Ignacio Maximiliano Ibarra Pozo y Kevin Adrián Paspuel Calvopiña.

Monseñor René Coba, presidió la ceremonia que duró aproximadamente dos horas y a la que acudieron los padres y demás familiares de los jóvenes diáconos. “Queridos hermanos y hermanas: Juntos elevamos un canto de alabanza al Señor, que nos reúne hoy en torno al Altar para la ordenación diaconal de estos queridos hijos, destinados a colaborar conmigo en el servicio a la Iglesia. Oremos por ellos, pues con su ministerio contribuirán a edificar el Pueblo de Dios que es la Iglesia”, dijo.

Al mismo tiempo oremos por mí, indigno siervo, que el Señor me ha permitido celebrar junto a ustedes 15 años de ministerio episcopal, el cual reconozco ha sido obra de la santísima trinidad en mí, apuntó Coba Galarza, quien ha cumplido un año y medio al frente de la Diócesis de Ibarra en calidad de Obispo.

Uno de los actos más emotivos fue el momento en que los nuevos diáconos acudieron ante sus padres, se arrodillaron y los abrazaron, mientras ellos a su vez les entregaban la bendiciones, en medio de lágrimas muy sentidas, deseándoles mucha suerte en el cumplimiento de su misión.

En medio de la solemnidad que había en el recinto religioso, hubo actos especiales como la ordenación misma del diácono con la imposición de manos y la plegaria de ordenación, la promesa de los elegidos, la promesa de obediencia, la súplica litánica, la imposición de los ornamentos diaconales, la entrega del Libro de los Evangelios, el abrazo de paz, el rito de la comunión y el rito de conclusión, en los que intervino directamente el Obispo de Ibarra, mismo que estuvo acompañado de varios sacerdotes de la provincia de Imbabura.

El diácono es el clérigo católico que ha recibido la segunda de las órdenes mayores que otorga la Iglesia y que tiene entre sus funciones anunciar el Evangelio, bautizar, asistir al sacerdote en el altar, distribuir la comunión y dar testimonio cristiano ayudando a los más pobres. Se le encarga también llevar la eucaristía a los enfermos que no pueden salir de casa, y actuar según las expresas directivas del Obispo, quien hizo un llamado “para ser servidores a tiempo completo”.