Tratemos bien a todas las personas

Con gran certeza se puede afirmar que la educación y la cultura son las mejores cartas de presentación que tiene una persona en la sociedad; puesto que de esto depende no sólo el cómo un ciudadano sea aceptado, considerado y valorado por los demás sino también el cómo él acepte, considere y valore a los que están a su alrededor. Una mujer o un hombre que es educado y culto no tiene ningún tipo de conflictos que limiten su vida personal o profesional; ya que en su mundo, los problemas se convierten en oportunidades, las barreras se transforman en retos, y los errores se constituyen en aprendizajes para avanzar por el camino del éxito. Sin embargo, lo que en verdad hace que un ciudadano, un profesional, o una autoridad marque la diferencia es el buen trato a los demás; ya que la amabilidad, sencillez, respeto y consideración a los otros son valores auténticos que le dan un valor agregado a su gestión, y que deben ser vivenciados en todo momento y lugar sin importar quién es, qué título tiene, qué cargo ostenta o cómo es la apariencia de la otra persona. No debemos olvidar jamás que todos los seres humanos somos iguales porque pertenecemos a la gran familia “humanidad,” que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, que los bienes materiales no nos hacen más grandes ni más pequeños, y que más importante ser llamado “Señor” por respeto a ser denominado “Doctor” por conveniencia. ¡Tratemos a los demás como nosotros queremos que nos traten a nosotros!