Tornear la madera, combinación de arte y amor

altIbarra. “Yo trabajaba en la Fábrica Imbabura y era jefe del departamento que recibía y entregaba hilo, esa fue una época gloriosa de la fábrica, lástima que con el tiempo todo acabó”, dijo Julio Enrique Santa Cruz, oriundo de San Antonio de Ibarra.

 Su vida. Julio Santa Cruz nació el 15 de junio de 1923. Se considera un artesano que gracias a su padre aprendió el oficio de tornear la madera.
Luego que salió de la fábrica Imbabura logró tener su propio taller con los 15 000 sucres que recibió de indemnización lo que le ha permitido vivir hasta hoy. “El artista nace con el criterio y la forma de construir, en cambio el artesano hace de todo en la madera, yo viajé por todo el país vendiendo lo que fabricaba, incluso llegué a Cali y a Bogotá”, dijo Santa Cruz.

Su pueblo. Don Julio contó que hace tiempo San Antonio era diferente porque sólo había tres almacenes: el de Carlos Montesdeoca, Homero Reyes y el suyo.

Don Julio dijo que San Antonio  ha crecido de una forma muy  acelerada y que los jóvenes ya ni recuerdan sus raíces.

Don Julio en la actualidad sólo hace obras bajo pedido porque con la vejez ya no le quedan las mismas fuerzas que cuando era joven, indicó.

Tornear la madera un arte. Don Julio muy modestamente comentó que hay personas que quieren tornear la madera pero que no lo hacen igual que él, es por eso que recibe aprendices para que sepan del arte. “Eso de ser egoísta no queda, uno tiene que mostrar lo que sabe porque yo para ser tornero tuve la afición desde niño, y me dediqué siempre al arte, nadie me enseñó lo que hay que hacer yo aprendí de mi deseo y de mi voluntad siempre pensando en la superación”.

Don Julio tuvo 9 hijos, pero ninguno vive con él. “Mis hijos ya tienen su vida, por eso me siento muy resentido porque los hijos no vienen a decirme nada ni saben si viviré o moriré, si tendré que comer o no, entonces yo tengo que esforzarme en mi trabajo para tener dinero y poder defenderme hasta que muera”.

En medio de su soledad a Julio Santa Cruz le queda el aprecio de su pueblo y de las personas que le conocieron cuando él hacía y distribuía sus artesanías en el país y fuera de él. Ahora espera tener obras bajo pedido para ganar unos dólares que le ayuden a mantenerse.