“Tierra para Todos” llega a las zonas más alejadas

Ibarra. El tema de la educación en comunidades y sectores rurales más apartados es un tema que preocupa. En la zona de los Manduriacos se tenía que caminar alrededor de 6 horas desde el último sitio donde llegaba el transporte para ingresar a Corazón, Río Verde, Pueblo Unido, Santa Rosa de Villaflora y Cielo Verde, sin embargo, la fundación “Tierra para Todos” ha logrado llegar hasta los lugares más recónditos con sus programas educativos y ambientales.

Ayuda. Pablo Iturralde, uno de los fundadores y actual director de la Fundación, indica la problemática. “El acceso complicado no permitía que los profesores estén con regularidad, había docentes que entraban el lunes y salían jueves, faltaban 15 días, los niños de séptimo año de básica tenían conocimientos muy bajos. Encontramos profesores con pizarras que utilizaban carbón y niños sin cuadernos porque los padres no querían gastar y es ahí cuando decidimos apostarle a la educación con infraestructura”, puntualizó.

A favor del ambiente. Iturralde manifiesta que comenzaron con cosas muy sencillas pero en el camino aparecieron problemas como la contaminación, la tala de bosques, siembra de la naranjilla (para producir la misma se requiere muchos químicos) y el uso de pilas que se arrojaban en cualquier parte, siendo estas últimas las que más contaminaban. Esto dio paso al proyecto “Guardianes del bosque”, donde los niños recogían las pilas y fundas plásticas para cambiarlas por cuadernos, esferos, lápices, etc. Se colocó, además una pizarra para que los guardianes escriban el nombre de quienes arrojaban basura.

Comunidades Awá. Posteriormente, la Fundación busca otra zona de trabajo, llegando hasta las comunidades awá ubicadas en las provincias de Imbabura, Carchi y Esmeraldas, donde encuentran los mismos problemas en el ámbito educativo pero con más gravedad. “Hasta que tuvimos el fallecimiento de dos niñas por cruzar el río para ir a la escuela por eso empezamos a hacer puentes peatonales. Uno de los primeros fue en Palmira de Toctemí, después construimos aulas y entregamos de cuadernos”, señaló Iturralde.

Por su parte, Vinicio Castillo, responsable de la implementación de los programas educativos, indicó que a ello se sumó el problema de la distancia. “Los niños llegaban muy cansados por la caminata, entonces la educación tomó tanta importancia que siempre se buscaba acuerdos que les permitan continuar con los estudios”, dijo.

Problemática. Castillo señala que una vez que se logra consolidar el tema de asistencia en las escuelas, se encontraron con un fenómeno muy particular, la mayoría de padres de familia no sabía firmar. El 80% de los adultos eran analfabetos y en algunas comunidades casi el 100% de las mujeres.

Los niños eran los que firmaban en las reuniones de las comunidades o de la escuela, los padres no lo hacían por vergüenza.

“Nos dimos cuenta que los niños que ya sabían leer y escribir mandaban en la casa, se les encontraba en Lita en el mercado comparando lo que ellos querían. Se sentían superiores a sus padres, y estos asumían una actitud más sumisa ante los hijos que sabían más”, recordó Iturralde.

Ante esta realidad, la Fundación empieza a trabajar con los padres, a través del programa de alfabetización de adultos, culminación de la escuela primaria, y para los jóvenes el ciclo básico.

Actualmente. Sin embargo, el problema de la expansión de la frontera agrícola, la contaminación con la siembra de la naranjilla, y los procesos de comercio que se van dando, los jóvenes empiezan a tener otras aspiraciones, con lo cual se empieza el programa de bachillerato a distancia, que actualmente se lo efectúa en convenio con una institución privada. Es por eso que ahora apoyan de manera permanente a más de 16 centros educativos, continúan con obras de infraestructura y con la entrega de material didáctico para los niños.

Además, en Mataje iniciaron un programa de Educación Técnica- Artesanal, mediante cursos de mecánica automotriz, electricidad, que son herramientas de trabajo y oportunidades de vida.