Tiene 84 años y es obligada a desalojar su casa

Otavalo. Una orden judicial de desalojo dejará literalmente en la calle a Luz Clemencia Rodríguez.

La mujer de 84 años, es una vendedora de utensilios artesanales de la Plaza de Ponchos de Otavalo.

El juicio de partición de la vivienda donde ella habita, desde hace más de 50 años, la tiene al borde del precipicio.

Luz Clemencia, conocida por sus amigos como ‘Suspirito’, se resiste a salir de la vivienda y dejar este negocio, con el que se ha mantenido toda su vida.

Del especialista. El problema legal se remonta al año 2016, cuando sus hermanos venden la vivienda donde ella vive.

“Es un juicio de partición por inventario de bienes. Son siete hermanos, ella tiene dos acciones del total de la propiedad”, explica Óscar Andrade, abogado defensor de Rodríguez.

El proceso judicial se ha desarrollado dentro de lo que determina la Ley.

Lo extraño a decir de Andrade, es el precio por el avalúo que se hace del bien donde la mujer vive.

Según explicó, a su defendida le están pagando 25 mil dólares por las dos acciones que tiene. “Es un precio muy bajo, para un sector que es el de mayor plusvalía en el cantón. Ese inmueble puede sobrepasar cómodamente los 300 mil dólares”, corrobora el jurisconsulto.

El inmueble fue rematado, la nueva propietaria siguió el proceso judicial, para lograr tomar posesión de forma legal. Luego de 3 años de litigio, el juicio está llegando a su final.

El pasado martes 18 de junio, Édgar Raúl López Tobar, juez de la unidad judicial de familia, mujer, niñez y adolescencia y adolescentes infractores de Otavalo, determinó el desalojo inmediato de la señora del inmueble.

Además pide que ella sea traslada hasta el hogar de ancianos Susana Mancheno de Pinto. La decisión ha causado malestar entre los colectivos ciudadanos que han seguido de cerca el caso.

Una tradición. Luz Clemencia, asegura que heredó el negocio de sus padres. Con ellos aprendió la fabricación de este tipo de utensilios que en años anteriores tenía mucha aceptación entre las familias de la provincia.

Luz María explica que su familia dejó de elaborar estas artesanías cuando se “terminó el barro en la ciudad”. Ella recuerda que la tierra moldeable la conseguían por Rey Loma. “Todo se empezó a poblar y ya no pudimos tener material para el trabajo”, dijo. A pesar de la situación, ella luce tranquila, aunque su estado de salud no es el óptimo. Ella espera que todo termine de la mejor manera.