Tiempo de promesas

Comenzó esa época agitada en la que los candidatos estiman que la mejor manera de ganarse la voluntad de los electores es ofrecer y ofrecer. 45 días convertidos en “tiempo de promesas”, en “baratillo de ofertas” para ilusionar, al menos temporalmente, a quienes creen que ofertas de campaña son promesas cumplidas.

Temporada en la que los candidatos acomodan sus respuestas a lo que quiere oír y escuchar el elector. No en la que se proponen soluciones reales a los grandes problemas comunitarios. Etapa en la que no miden las consecuencias de los compromisos. Todo lo aceptan, a la espera que el futuro lo resuelva.

Época en la que todo parece fácil, para los candidatos y para la comunidad, pues las soluciones están a la puerta. Pero época en la cual no existen ni se presentan programas destinados a resolver los problemas del corto y del mediano plazo. Como tampoco se diseñan etapas, ni una hoja de ruta que demuestre que el candidato no llega a una dignidad a improvisar, sino a cumplir lo que ofrece.

45 días que deberían servir a la ciudadanía para conocer al candidato, examinar su trayectoria de servicio, identificar al equipo que lo acompaña, y no solo escuchar discursos aprendidos y proclamas. Porque solo así un elector, estará en capacidad de escoger al mejor candidato, al que no traicionará la confianza de sus electores, ni dará largas para cumplir lo ofrecido.