Testimonio: ‘La cocaína destruyó mi vida por completo’

drogaIBARRA. ‘Cuento mi historia para que sepan lo que es ser una persona adicta a una sustancia que te destruye la vida’, asegura Carlos E., quien consumió drogas desde sus 16 años.

Soy Carlos, tengo 20 años, empecé a drogarme desde muy corta edad. Recuerdo que mi infancia fue muy bonita, aunque mi madre no estaba conmigo ya que por cosas de la vida tuvo que viajar a otro país.

Como no tenía un lugar estable donde quedarme porque mis padres son divorciados solía salir por mucho tiempo a la calle. Al principio no tenía amigos pero con el tiempo conocí a Michael.

Con él empezamos a tomar, salíamos a bailar. Teníamos muy corta edad pero si nos dejaban entrar a las discotecas.
Mi amigo Michael es mayor por un año, no me considero un santo pero no conocía muchas cosas que con él las conocí.
Luego de dos años de amistad me presentó a sus amigos, no tenían la ‘pinta’ de ser buena chicos, yo me sentía siempre solo y conocer amigos me encantaba.

Después de tantas cosas, llegó el peor día de mi vida. Me dieron marihuana, yo no sabía que era pero la consumí y de a poco me gustó hasta que me volví un adicto.

Como no tenía dinero ni para comer empezamos a robar con mis amigos. La droga es mala, es tan poderosa que a veces ni siquiera sabes el daño que puedes causar a las demás personas. Me arrepiento de haber hecho daño a mi familia.

Viví por un tiempo con mi abuela, pero también me sustraje cosas para consumir cocaína. Con eso me sentía libre, relajado, me olvidaba de todos mis problemas y eso era lo que necesitaba para estar por un momento tranquilo. No dejaba de consumir, mi familia me internó dos veces en un centro para drogadictos pero me escapé las dos veces que ingresé.

Mi madre vino a Ibarra cuando tenía 18 años, me ayudo mucho verla, aunque por los efectos de esa droga me porté mal con ella.

Un día consumí mucho que intenté matarle a mi madre. Gracias a Dios no lo hice.

Después de haber sido un drogadicto no es fácil salir de esta vida, te cuesta mucho, lloras, te dan ganas hasta de matarte porque quieres salir pero no puedes.

Gracias a Dios, mi madre y mi familia pude dejar esta mala vida, hoy me encuentro en terapias semanales.