Una terapia que les devuelve la vida a quienes lo perdieron todo

IBARRA.- En medio de una intensa reflexión y con las manos puestas en la cabeza de una de las mujeres que se recupera en el sitio, estaba Jhonny, el mentor de ‘Comunidad de Fe’, a nuestro arribo a su casa de acogida de personas adictas a las drogas.

En el sitio el día empieza muy temprano, las palabras de aliento no faltan y tampoco un plato de comida. Para quienes dejaron las calles en donde vivían adentrados en el mundo de las drogas, llegar a este sitio, fue una completa bendición.

Nuestra presencia no pasó desapercibida y nos recibieron con mucho entusiasmo. Unos agachaban la cabeza tratando de no salir en las fotos y otros estaban ávidos de contar sus historias y que la gente conozca su cambio, ya que la mayoría eran muy conocidos en el mundo de la mendicidad, delincuencia y pobreza extrema en la que vivían.

‘Comunidad de Fe’ es un proyecto sin fines de lucro que busca la recuperación de personas, consideradas como “perdidas”, que viven en las calles y ahora, por medio de Dios, anhelan cambiar de vida y recuperar a sus familias.

A diferencia de las clínicas de rehabilitación para adicciones, llegar a este sitio no les cuesta nada y cada compañero de batalla se convierte en una familia.

El hombre de 30 años de edad, que está a cargo del positivo proyecto, solo espera poder ayudar a más gente, aunque a veces la falta de recursos le limita poder recibir a más personas que buscan recuperarse. Él, además, usa como terapia su propio testimonio, ya que durante 15 años vivió sumergido en el mundo de la adicción.

“Tenemos un año aproximadamente en este proyecto, que yo lo veo como ayuda social. Empecé por redes sociales, haciendo videos cuando logré dejar las drogas, con el objetivo de prevenir para que otras personas no cometan los errores que yo cometí. Todo inició como una terapia online y empecé a tener pacientes de otros países, yo no tengo un centro, ni clínica, este es el lugar donde vivo. Al principio empezaron a llamarme personas que me decían Jhonny quiero recuperarme, pero no tenía un lugar y solo lo hacíamos por medio de las redes, pero al ver que muchos adictos no tienen teléfono ni acceso a internet, me empezaron a llamar y a pedir ayuda y les empecé a llevar a mi casa, que se empezó a llenar de adictos”, comentó Jhonny.

“Ahí empecé a ayudarlos, muchos llamaban en estado crítico desde las calles. Han venido personas a llevarles, pero ellos no se van, prefieren recuperarse aquí. Viví aproximadamente 15 años en drogadicción, pasé por cárceles, hospitales, teniendo familia decidí irme a vivir en mendicidad. Muchas personas me conocen, tengo fotografías de cómo vivía, pero decidí encerrarme, me puse llaves, me quedé con un espejo y una biblia y mirándome empecé a autoayudarme, porque nadie creía en mí”, dijo el hombre.

 

DESGARRADORA HISTORIA
Cuando le preguntamos sobre los casos más complejos, no dudó en empezar con “Angelito”, un adolescente de 15 años. El joven deambulaba con ropa sucia y rota, oliendo a basura y con una manzana y droga en sus manos.

“El día que le trajimos estaba violado, sangraba, estaba con infección en sus partes íntimas, en su mundo abusaban de él, le pegaban, llegó apuñalado. Hemos hecho muchos seguimientos para poderle ayudar. Le conocí hace mucho tiempo, la gente dice que no tiene familia, pero si la tiene, la madre vive en Panamá, los hermanos en Pasto y estamos buscando un acercamiento con ellos. La parte más dura fue que le abusaron demasiado las personas que también consumían, le violaban y algunas heridas de las que tiene, se las causó él mismo por la depresión, quería suicidarse, porque los adictos sufren, lloran y ya no aguantan con el tipo de vida que llevan”, señaló Jhonny.

Cuando le dijimos que queríamos dialogar con él, sus manos empezaron a temblar y se sonrojó, tenía sudor en su frente. En lo poco que habló, denotó su alegría por tener un hogar.

Comentó que estudió hasta el quinto año y que espera continuar bien y algún día reencontrarse con su familia. Aseguró ser el mimado de la casa de acogida y no quiso hablar de su vida en la calle, porque se le vinieron recuerdos a la mente que hicieron que sus verdes ojos, se perdieran por segundos.

Ahora tiene una cama, tres comidas al día, puede bañarse y le gusta mucho Tik Tok. Su sonrisa transmite esperanza y es inspiración para sus compañeros, ya que luego de la herida en el estómago de la que fue víctima hace unos meses, y aún no logra recuperarse, muchos pensaron que cambiaría las calles por el cementerio.

Pero “Angelito” no es el único caso de personas conocidas, sobretodo en Alpachaca, ya que el sitio también acoge a Maricela, más conocida como “Mulla”, que fue sacada de un ‘fumadero’; Sandra, una mujer que sueña con recuperar a su familia; Diana Carolina, quien hace mucho tiempo no ve a sus hijos; Luis Eduardo, conocido como “Tiro Loco”, quien fue desalojado del sitio donde pernoctaba y casi fue quemado; Germán, quien vivía en el parque La Merced y ahora es el chef del lugar, exreos y muchas personas, que han decidido cambiar de vida y refugiarse en Dios para abandonar los vicios. En el caso de las mujeres, han perdido a sus hijos y han sufrido un sinfín de maltratos y situaciones de riesgo en las calles.