Talentos locales fueron reconocidos en bienal de arte

IBARRA.- Orgullosos de ser de San Antonio de Ibarra y poder haber mostrado su talento a nivel nacional e internacional, así es como se encuentran los artesanos de esa localidad que lograron un reconocimiento en la primera Bienal Internacional de Escultura de Guayaquil, que se llevó a cabo esta semana.

Jorge Luis Villaba consiguió el segundo premio, Carlos Castillo la segunda mención de honor y Pablo García la quinta mención de honor.

El evento que se desarrolló gracias al apoyo del Museo Luis Noboa Naranjo, cuyo fundador es el conocido empresario Álvaro Noboa Pontón. El primer lugar se lo llevó el venezolano Lewis Chavez Rebolledo.

El tema central de esta bienal fue el amor, por lo que las esculturas que se presentaron tenían que estar enmarcadas en demostrar los diferentes tipos de amor existentes.

García comentó a EL NORTE que en su caso, su obra estuvo enmarcada en demostrar el amor de una madre hacia sus hijos.

“Para mí el amor más hermoso que hay en la tierra es el amor de mamá y con base a eso hice mi trabajo”, aseguró.

Mientras que Villalba se inspiró también en el amor de los padres, pero desde la perspectiva de la movilidad humana.

 

Su obra estuvo enmarcada en replicar una imagen que él vio durante un viaje a Ipiales, Colombia, en la que vio cómo un migrante venezolano, en medio del dolor y de todas las adversidades propias de su condición amaba a su pequeño hijo.

“Fue una escena que me conmovió mucho y eso fue lo que plasme, era una venezolano que abrazaba a su hijo cubriéndole del frío, le abrazaba con desesperación por su situación (…), lo hice en madera, está con una maleta, cargado una mochila y sus sandalias viejas”, explicó el escultor.

San Antonio de Ibarra es conocida como una parroquia que se ha convertido en cuna de artistas, los escultores imbabureños reconocidos durante la bienal, en la que participaron más de 15 países, se han dedicado a dicha actividad durante gran parte de su vida.

Muchos comenzaron desde que eran niños a jugar con la madera, el aserrín o la pintura, materiales que usualmente se utilizan para hacer las esculturas.

“El hecho de uno vivir en este pueblo creo que uno ya nace con unas características especiales de amor al arte”, comentó García.

Por su parte, Villaba rememoró que cuando él tenía unos ocho años de edad se involucró al mundo de la escultura, pero que a los 10 años lo tomó ya como un oficio más profesional gracias a lo que le inculcó uno de sus tíos.

“Yo me fugaba del colegio para hacer esculturas y cuando tuve 20 años fue que pude ganar mi primer concurso importante”, recordó.

 

Los escultores que participaron de esta bienal tuvieron que presentar una propuesta digital para su inscripción, después cuando un jurado especializado eligió a los participantes tenían que mandar la obra completa hasta la ciudad de Guayaquil.

En esa ciudad otro jurado elegía de entre los participantes a los finalistas y las diferentes categorías que ganaron.