Talento artesanal en la cárcel de Ibarra

carcelIBARRA. Muchas historias se cuentan dentro de las paredes del Centro de Privación de Libertad de Personas Adultas en Conflicto con Ia Ley, una de ellas es la de Roberto C., quien desde hace cinco años diseña productos con papel reciclado.
Desde el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos se impulsan estos proyectos que ayudan a las personas que están cumpliendo su condena en estos centros a aproVechar su tiempo con actividades extras.

La experiencia adquirida en el Centro de Rehabilitación Social de Roberto fue compartida mediante este Ministerio.
“Hace cinco años aprendí en un taller, varias de las técnicas para trabajar con papel, actualmente produzco hasta unas 80 unidades al mes”, manifestó Roberto C. quien realiza cisnes, canastas y otros objetos medante el uso del papel.
Las mañanas de Roberto empiezan con el aseo personal, luego llega la lista diaria a cargo de los Agentes de Seguridad Penitenciaria de turno, y de inmediato su desayuno.
“La mayor parte del tiempo la dedico a esta actividad que tanto me gusta y en la que dedico todo mi empeño, porque he logrado generar en este tiempo una microempresa para beneficio propio y de quienes me apoyan a la hora de elaborar en mayor cantidad”.

En 2015 siete personas privadas de libertad (PPL) participaron en el proyecto. Unos doblando, otros armando, pegando, y plasmando los detalles para finalmente guardar el producto en una funda que llegará a manos de sus clientes. La habilidad de los internos les permite hacer cisnes, cofres, portarretratos, y una serie de artículos para decoración.
El tamaño de las figuras más pequeñas lo realizan con una base de 5 cm de diámetro, por lo cual se torna más difícil el doblado y el detalle que determina la calidad y el precio. Asimismo le agregan cintas y encajes para darle un toque de mayor elegancia a los elementos que usan en sus artículos más destacados que salen en mayor cantidad. Los precios varían de acuerdo al esfuerzo y material invertido en la pieza. En el caso de los recuerdos los comercializan a dos dólares cada uno, mientras que los de mayor tamaño llegan a costar hasta 80 dólares. Los familiares de los reclusos se encargan de los contactos con los compradores y de la recaudación del dinero fruto de la venta.
De dos a cuatro horas diarias es el promedio de participación de los internos en esta actividad laboral. Lo complementan con otras participaciones enmarcadas en los ejes de educación, cultura, deporte, recreación, salud y vínculos familiares. Estas actividades son parte de los procesos de rehabilitación y reinserción social, implementados por el Ministerio de Justicia.