Taita Inti Raymi

El domingo pasado con mi familia celebramos el día del padre, con papaluco y mamilita a la cabeza es costumbre nuestra festejar comiendo un menú que sale del consenso de todos.
Allí las tres generaciones participamos en todo. ¡La próxima semana ya es la fiesta hay que alistar al Sanjuanito, la jora está bien sequita para la chicha! ¿vas a venir Germán?, dice mi madre. ¡Ya vi las flores!.

¿Quiénes mismo debe cumplir para el castillo?
¿Qué día armamos el castillo?, desordenadamente intervenían mis hermanas y panicos. Los niños más pequeños intervenían, ¡este año si me baño yo, me lleva tío!.
El festejo a papaluco se convirtió en los preparativos para el Inti Raymi.
Este relato es pasaje común de una familia kichwa tradicional, forma propia del ayllu, donde el diálogo intergeneracional es un ejercicio pedagógico para fortalecer los rasgos de identidad y cultura. Es así, si mi padre desde muy pequeños no nos introducía y hacía partícipe de lo profundo del Inti Raymi, otra seria nuestra identidad y valores.
En los pueblos de tradición oral la pedagogización es práctica, así mi padre de la mano nos llevaba e introducía, a mis hermanos y a mi, en los círculos dancísticos propios de la fiesta, alzando la cabeza le mirábamos su habilidad con la guitarra y flauta; luego de uno de sus viajes a Estados Unidos trajo la primera armónica instrumento introducido al festejo del Inti Raymi.
La noche de este miércoles, con mi esposa e hijos, haremos al baño ritual en Peguche, mi hijo menor Anty Kamak es quien se encarga de hacer la maleta; el jueves con mi cuñado Enrique a la cabeza, hermanos, primos y amigos recorreremos al son de los ritmos propios hasta el día que llegue el cansancio.  

 Germán Muenala V.

muenalag@mail.com