Susurros en el alma

luis rivadeneira jativaEl Pastor Alonso, de la web Católico Javier, nos cuenta de un exitoso ejecutivo que paseaba a toda velocidad en su automóvil Jaguar. De repente sintió un golpe en la puerta, se detuvo y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la puerta de su lujoso automóvil. Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo, dio un brusco giro de 180 grados  y regresó al lugar de donde vio salir el ladrillo. Salió del coche y agarró por los brazos a un chiquillo; empujándolo hacia el coche estacionado le gritó a toda voz:

“¿Qué has hecho?, ¿Qué crees que haces con mi coche?”. Enfurecido, gritó al chiquillo: ¡Es nuevo mi coche y ese ladrillo que le tiraste te va a costar muy caro!
“Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho!, no sabía qué hacer”, suplicó el chiquillo. “Le tiré el ladrillo porque nadie se paraba”… Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia alrededor del coche estacionado. “Es mi hermano”, le dijo. “Se giró su silla de ruedas y se cayó al suelo… y no puedo levantarlo”. Sollozando, el chiquillo le preguntó: “Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, se ha hecho daño, y pesa mucho para mí solo… soy muy pequeño”. Impactado por las palabras del chiquillo el ejecutivo tragó grueso el nudo que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco los cortes y la suciedad sobre las heridas del hermano de aquel chiquillo tan especial. Después de comprobar que se encontraba bien, miró al chiquillo y éste le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie… “Dios lo bendiga, señor… y muchas gracias” le dijo. El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta su humilde casa. El ejecutivo aún mantiene la hendidura que le hizo el ladrillazo…. lo cual le recuerda el no ir por la vida tan de prisa, para que alguien tenga que lanzarle un ladrillo y preste atención a un niño que pide ayuda. Dios, hay veces, nos susurra en el alma.  

 

Luis Rivadeneira Játiva
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