04-12-2019 | 11:30

Exigen más celeridad en las investigaciones sobre desaparecidos

Segundo Santacruz salió de su domicilio en el sector de Carabuela, de la parroquia Ilumán y no ha regresado. Ya son más de 20 días de su desaparición.

Otavalo. Familiares de Joshua Salinas, Víctor Usiña y Segundo Santacruz, desaparecidos en este año, exigieron celeridad en las investigaciones.

Durante un plantón frente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, en Otavalo, denunciaron supuestas irregularidades. Las hojas con fotografías de estas personas fueron colocadas sobre la vereda y entregas a los ciudadanos que circularon por la zona.

Desesperación y tristeza es lo que expresó cada uno de los familiares sin saber qué más hacer ante la desaparición de sus seres queridos, casos que ahora están en manos de la Fiscalía.

Angustia. Joshua Salinas desapareció el 14 de febrero; Víctor Usiña no regresa a su casa desde el 10 de noviembre y Segundo Santacruz fue visto por última vez el 17 de noviembre.

Verónica Usiña es hermana de Víctor, quien es panadero y vivía en Atuntaqui con su esposa e hijo.

El domingo que ya no volvió a su casa se dirigía a su trabajo, pero desde ese momento Verónica contó que su hermano nunca llegó a la panadería, a pesar de eso quisieron comunicarse al teléfono y hasta ahora, al parecer está apagado. “Lo único que pedimos es que nos ayuden revisando los ojos de águila en Atuntaqui, pero dicen que esperemos y que vayamos otro día y así nos tienen siempre”, mencionó Verónica angustiada.

El joven de 28 años de edad será padre nuevamente, ya que la esposa está a punto de dar a la luz. Verónica también comentó que la semana anterior una persona les informó que lo habían visto a Víctor por el parque San Sebastián, “salimos a recorrer, pegamos papeles pero nadie nos ha dicho nada”, señaló.

Otro caso. María Eugenia Basantes vive en Quito y también es parte de este grupo con familiares desaparecidos. Ella no supo más de Alexander Romo Bastantes desde el 6 de noviembre de 1994, cuando se perdió en la terminal terrestre antigua de Quito.

En ese tiempo Alexander tenía 2 años 4 meses. María mencionó que era un domingo cuando su hijo estaba jugando con otros niños pero ya no lo volvió a verlo y nadie le dio razón.