12-08-2019 | 11:30

“Abusó de mí, tocó cada centímetro de mi cuerpo...”

Una joven de 20 años relata los diversos traumas y miedos que tiene luego que fuera abusada sexualmente por el abuelo de su amiga.

Ibarra. “Cuando tenía relaciones sexuales con mi exnovio, con el único que he llegado a tener intimidad, me sentía sucia, usada y robada de toda mi dignidad. No se imaginan cuánto temor invadía mi cuerpo cada vez que teníamos un momento a solas. En los 3 años que llevamos de pareja, jamás disfrute de hacer el amor, puedo decir que son contadas las veces que pasaron.”, nos empieza describiendo Valentina, nombre protegido.

“Muchos pensarán que él es culpable, pero no, ni si quiera sabe la razón del porqué lloraba cada vez que acabábamos de tener relaciones. No sé qué tan grande sea mi problema, hasta ahora no he asistido a ninguna terapia psicológica.”, enfatiza la víctima de un abuso.

Continúa con su relato, “todo empezó cuando apenas era una niña de 6 años, inocente, feliz y que saltaba de alegría cada vez que mis amigas tocaban a mi puerta para ir a jugar.

Como todas las tardes, fui a la casa de mi amiga, pero ese día no estaba, había salido con su madre, así que me recibió su abuelo y me dijo que esperara en la sala, que se demoraban solo 15 minutos, él se sentó a mi lado supuestamente para hacerme compañía”.

“Después de 5 minutos de silencio, quise irme a mi casa, pero... fue entonces cuando el hombre me detuvo, su mano alcanzó la mitad de mi brazo. Él no dijo nada, me lanzó al sillón, tanta fue la fuerza que se cayeron las sábanas que lo cubrían, me quitó el pantalón. Yo estaba congelada, no pude hacer nada, simplemente no me podía mover”. “Él abusó de mí, tocó cada centímetro de mi cuerpo. No podía hablar, no podía gritarle a mi madre, no podía hacer nada. Él sostuvo mis manos, no podía moverme porque era muy grande", comentó.

“Era un anciano, todavía recuerdo su olor a vejez.

Cuando el acto terminó, él se fue de la sala y me dejó ahí sentada sin mi pantalón, me lo puse y fui a mi casa, no sabía qué hacer, ni si quiera sabía la magnitud del daño que eso causaría en mi vida. Me recosté en mi cama y rompí en llanto, sentía asco, a pesar de que ya me había bañado”.

Mi seguridad desapareció “no volví a ser la misma niña”, “durante una semana pasé encerrada en mi casa, solo iba a la escuela, no quería volver a verlo. Al siguiente día de que el abuelo de mi amiga abusara de mí, ella fue a buscarme para ir a jugar pero yo no quería entrar a su casa. Después de tanta insistencia salí a jugar y fuimos a ese lugar que acabó con mi infancia, ahí estaba él, observando cómo jugábamos”.

”Y otra vez pasó, con la excusa de que necesitaba café, mandó a mi amiga a la tienda y nos quedamos solos. Ésa vez empezó a tocarme por debajo de la ropa, preguntándome como se llamaba cada parte de mi cuerpo. Me hizo creer que todo lo que había pasado era normal, por eso me quedé callada. Esa fue la última vez que abusó de mí, nunca más regresé a esa casa.” “La amistad con mi vecina se acabó completamente, no le expliqué la razón de mi alejamiento, de hecho, ya no nos saludamos.”, entre lágrimas nos cuenta.

Al preguntarle por qué no ha denunciado el caso, Valentina respondió: “Hasta ahora, nadie sabe lo que me pasó, ni si quiera mi madre. No he pensado en denunciarlo. En ese momento, pensé que la gente no me creería, el hombre que abuso de mí, era amigo de todo el barrio, inclusive de mi familia.”

Más detalles. Añade que el hombre falleció hace unos 4 años: “siendo sincera, no sentí pena cuando falleció, es un pedófilo. Por culpa de él, no puedo tener relaciones sexuales, tengo miedo a los hombres y por ese miedo, he fracasado en mis dos relaciones sentimentales. Hasta ahora no se lo que se siente disfrutar en pareja”.

El abuso sexual está enmarcado en el artículo 170 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) el cual señala que “la persona que en contra su voluntad de otra, ejecute sobre ella o la obligue a ejecutar sobre su misma u otras persona un acto de naturaleza sexual, sin que exista penetración o acceso carnal, será sancionado con pena privativa de libertad de 3 a 5 años”.

Hoy, Valentina joven de 20 años aconseja “no dudar de las acusaciones de sus hijos, mantener los ojos abiertos y sobretodo darles la confianza para que puedan expresarse sin temor, porque la persona que menos esperan puede ser la causante de que sus hijos no sean felices”.

Concluye manifestando que “decidí contarle mi historia al medio de comunicación, porque tal vez hay muchas chicas que pasaron por algo similar y quiero que entiendan que, el simple hecho de que las toquen sin ninguna autorización, es abuso. Dejemos de naturalizar éste tipo de actos, es injusto que vivamos con temor por culpa de un tipo enfermo. Me duele pensar que hay mujeres que no pueden disfrutar de su vida”.