09-09-2019 | 09:03

144 presos extranjeros en Ibarra

En el centro penitenciario de Ibarra se encuentran internos de Ecuador, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Perú, Brasil, Honduras y Argentina.

Ibarra. Cuando las visitas ingresan al Centro de Pri-vación de Libertad de Per-sonas Adultas Varones, los internos esperan atentos para saber quién acudirá a compartir con ellos durante tres horas a la semana. Mientras decenas de presos abrazan y besan a sus allegados, sus compañeros extranjeros miran fijamente a la puerta. Saben que la posibilidad de recibir una visita de su familia es casi nula, sin embargo no pierden la esperanza. Transcurren las tres horas y ninguna persona llega para ver a los foráneos, suena la alarma y la esperanza termina; nuevamente no fueron visitados.

Cifras. Esta es la realidad de 144 extranjeros que cumplen condenas por varios delitos en el centro carcelario de la ‘Ciudad Blanca’. Muy pocos tienen familiares en esta ciudad y algunos incluso no les han contado a sus allegados que están privados de su libertad.

Jaime Yacelga, director de la cárcel de Ibarra, informó que al momento el centro penitenciario alberga a dos argentinos sentenciados, un brasileño sin sentencia, 61 colombianos sentenciados y 20 sin sentencia, un hondureño sentenciado, tres peruanos sentenciados y cuatro sin sentencia, un dominicano sentenciado y 51 venezolanos, 21 de ellos sin sentencia, es decir más del 21% de la población carcelaria local, es proveniente de otros países.

Realidad. La mayoría de los reclusos extranjeros aseguran que no tienen el apoyo suficiente de las embajadas de sus países y tampoco reciben ayuda de alguna institución o fundación. Dicen que sobreviven de la buena voluntad de sus compañeros o de las donaciones que esporádicamente llegan al lugar. Muchos han optado por participar en los talleres de reinserción laboral, para tener un sustento que les permita transcurrir sus días en prisión.

Los centros de rehabilitación social tienen el sistema de economato, en donde los familiares depositan dinero para que los internos adquieran productos en el interior, pero muy pocos extranjeros tienen depósitos, ya que sus familiares no cuentan con recursos y tampoco pueden viajar al Ecuador para realizar el trámite.

Testimonio. El venezolano Herby Benigno R., de 40 años, fue detenido hace seis meses por estafa y fue sentenciado a 20 meses de cárcel. El hombre alto y de contextura delgada, es licenciado en Artes, con mención Cine y asegura que estar preso en el extranjero es algo muy triste y complicado.

“Yo aquí no tengo amigos ni familiares y es bastante duro, yo no sabía como decirle a mi familia que salí de Venezuela a buscarme la vida y caí preso en otro país. En mi caso, no les dije nada durante más de tres meses. Conversaba con ellos y les comentaba que estaba difícil la situación acá, que sólo había conseguido para el hotel y la comida y no les podía enviar dinero, pero eso me duró muy poco. Mi madre vio la noticia de que fui apresado en el internet”, mencionó el reo que labora en el proyecto radial La Paradoja. Con lágrimas en los ojos dijo que su familia le apoyó al conocer su situación y que lo único que espera es reencontrarse con sus hijos de 23 y 19 años.

Realidad. Otra de las historias es contada por el colombiano Steven Alexander S., de 31 años, sentenciado a 13 años por plagio. Mientras se secaba el sudor con su camiseta de la selección paisa, cuenta que está a punto de terminar su condena, beneficiado con la prelibertad ,y que en lo único que piensa es en salir, tener un propio negocio y poder ayudar a las personas.

“En prisión he pasado momentos amargos por la muerte de mi abuelito y por no poder estar junto a mis hijos de 13 y 9 años, pero esto me ha enseñado a ser una mejor persona, a tener una mejor relación con quienes me rodean. El tiempo no se puede recuperar, pero seguí estudiando y estoy en sexto semestre de Administración de Empresas y soy ingeniero en Sistemas. Es duro estar en otro país, a veces los extranjeros necesitamos de ayuda y no la tenemos, los trámites son muy difíciles. Es difícil que la familia venga a visitarnos, porque no tienen dinero, pero eso no es impedimento para superarse”, dijo Steven.