Subsidios devoran el presupuesto

Los subsidios vuelven a la palestra. A partir de la formulación de políticas para paliar la crisis fiscal que enfrenta el Estado ecuatoriano, las autoridades revisan y analizan los subsidios.

Y es que la racionalización del gasto público tiene que pasar por el filtro de la eficiencia en el uso de los recursos. Los subsidios se llevan buena tajada del presupuesto nacional y cada año su volumen aumenta.

Ecuador ha abusado de la política de subsidios. Al momento se utilizan unos cuatro mil millones de dólares anuales para subsidiar combustibles, servicios, bonos, etc.

Ese valor representa más de 10% del presupuesto anual del Estado y un 4% del PIB. Desde el punto de vista técnico esa cifra es insostenible.

Para graficarlo un poco es como si cada 10 años se regalara a la población un presupuesto entero sin retribución alguna. Por concepto, los subsidios son instrumentos de política fiscal que se utilizan de manera temporal hasta resolver problemas puntuales de la economía. Pero en Ecuador, se han vuelto permanentes e inamovibles.

Tal es el caso de los combustibles y dentro de ellos el del GLP. Tal subsidio se instaló en 1974 y ha sido revisado de manera superficial. Ahora le cuesta al Estado unos 468 millones al año.

Buena parte del gas subsidiado es comprado por familias acomodadas y otra parte fuga por las fronteras.

En fin, los subsidios son injustos, sesgados e ineficientes.