Su espíritu reposa en la Cascada de Peguche

Otavalo. La muerte sorprendió a Byron Rosales un día antes de cumplir 29 años, sin embargo su deseo de libertad fue cumplido ya que sus padres esparcieron sus cenizas en la Cascada de Peguche, tal como él lo había pedido.

 Su sueño. Olmedo Rosales, padre de Byron, mientras observaba varias fotografías en la que su hijo recibía medallas por alcanzar los primeros lugares en la disciplina de kárate, o cuando simplemente posaba junto a su hermana y madre, incluso cuando recibió el porta estandarte de su escuela, recordó que siempre su hijo fue inquieto, soñador, bohemio y sobre todo que amaba la libertad y la naturaleza.

Es así que una de sus frases que repetía incansablemente según su padre era,“las cosas fáciles son un chiste, las difíciles un poco interesantes, pero las imposibles son las que valen la pena“.

Pensando en esa frase y aunque la decisión fue muy difícil prefirieron dar cumplimiento a su voluntad. “Muchas veces mientras conversábamos solíamos decir cómo quisiéramos que se nos entierre y mí Byron dijo papi a mi me creman y me gustaría quelas cenizas la esparzan en la Cascada de Peguche, y creo que cumplimos los sueños de mi hijo“.

 Un profesional. Byron se desempeñaba como vicerrector del colegio particular Open House Virgilio Drovet, en Quito.
Ejerció la docencia por el lapso de cuatro años, esto luego de que no pudo cumplir uno de sus grandes sueños que era ser futbolista, y tenía todo para lograrlo pues fue seleccionado de la escuela y colegio, además de la selección de fútbol de Otavalo y de la preselección de Imbabura, sin embargo una lesión trucó su anhelo.

Por la misma lesión no pudo ingresar  a la escuela de Policía, por lo que decidió profesionalizarse en la docencia.
Igualmente pensaba en este año seguir una maestría en Administración Educativa en Argentina o México, sin embargo todo quedó trucado.