Son 55 años de historia del mercado Amazonas

Ibarra. Más de 1 000 personas llegan diariamente al mercado Amazonas, un lugar que fue construido en 1963 y a donde, un año después, llegaron sus primeros pobladores.

En los años 60 el sitio de expendio de productos se congregaba en la plazoleta Francisco Calderón y 200 de ellos, fueron llevados al nuevo mercado.

Comerciantes. Los fundadores aún recuerdan el espacio, un tanto lúgubre, con planchas de cemento, frío, sin luz, sin agua ni alcantarillado.

Al ver esta condición, poco a poco fueron remodelando el lugar, el primer paso fue encementar el piso y colocar puertas de madera, y así, poco a poco, las condiciones fueron mejorando.

Muchos dicen que llegaron engañados hasta el mercado cuando el alcalde José Tobar Tobar, inauguró el sitio, que sólo contemplaba el espacio cerrado en donde ahora se vende ropa y calzado y donde comercializan cárnicos.

Mientras que los comerciantes que no alcanzaron a obtener un puesto, se tomaron por la fuerza el espacio aledaño a la construcción. Según mencionaron, dicho terreno pertenecía a la Curia.

Uno a uno fueron llegando, para ahora sumar 3 200 comerciantes, provenientes de todo el país.

Cotidianidad. La vida en el mercado Amazonas transcurre entre miles de personas. Los primeros en llegar están en el sitio a las 06:00 y así el lugar se va llenando de color, aromas, trabajo y vivencias. Estos 55 años de creación les ha permitido consolidarse, según sus dirigentes, como el pulmón económico y comercial de la ciudad, a pesar de tener pérdidas incalculables en sus ventas, por la presencia de miles de comerciantes autónomos.

Una de las primeras habitantes del mercado es la comerciante de verduras, Marina Caragolla, que es madre de 10 hijos y asegura haberlos sacado adelante con su esfuerzo dentro del sitio de expendio.

“Antes la venta era buena, se podía mantener a la familia con este trabajo, porque no había tanta competencia. Yo me levanto a las 04:30, vengo desde Ajaví Grande y llego al mercado a las 06:30.

Ahora vendo de 4 a 10 dólares diarios, el negocio es muy malo, sería imposible educar a los hijos si ahora no se gana ni para la comida, pero tengo el orgullo de no moverme de mi puesto hacia la calle, venda o no venda, permanezco aquí”, mencionó la mujer.

Testimonio. Otros que saben ‘la vida’ del Amazonas, son los esposos María Dolores Ormaza, de 85 años y José Antonio Cuasapud, de 75 años. La mujer llegó al mercado como ‘invasora’ hace 55 años, mientras que José arribó al sitio dos años después. Ambos recuerdan con detalle la historia del mercado, mientras arreglan las pocas frutas que ahora logran vender.

Con la mirada triste aseguran que la venta es muy baja, y que lo poco que adquieren, logran comercializarlo en ocho días, cuando hace algunos años vendían por cantidades.

“Aquí había solo estiércol, trajeron a la gente del ‘Águila’ pero no alcanzó, en medio de la calle era una zanja de pencos y aquí, un botadero de basura”, recuerda la mujer, asegurando que el sitio era un extenso terreno, ya que la construcción entregada no dio abasto a la cantidad de comerciantes.

Mientras que José, hace un llamado a las autoridades, ya que la presencia de miles de vendedores informales y personas extranjeras, está a punto de llevar su negocio a la quiebra.

“Aquí están cuando recién pusieron la malla, y luego colocaron los puestos en las veredas y así nos taparon, eso no fue mejoría para nosotros. Ahora los mismos dueños de los puestos, los ocupan de bodega y salen a vender afuera en fundas, eso no se debe permitir, a pesar de las ventas malas”, comentó con notable pesar.

Al patio de comidas del mercado Amazonas llegan personas de todos los estatus económicos.
El mercado Amazonas está construido en un espacio de 40 000 metros cuadrados y aloja a comerciantes de todo el Ecuador.
Marina Caragolla, de 85 años, es una de las fundadoras del lugar y asegura que ahora las ventas no alcanzan ni siquiera para comer.