Sobrevive de la caridad, con una gran herida en su rostro

Ibarra. Un fuerte sol cubría a la ‘Ciudad Blanca’. Las personas transitaban por la calle Sánchez y Cifuentes y Obispo Mosquera, algunos regresaban a ver con asombro el rostro de un anciano que estaba sentado en la parada del bus ubicada cerca al mercado Amazonas, otros en cambio, ignoraban su presencia, tal vez porque ya se acostumbraron a verlo ahí, o simplemente porque estaban más preocupados en llegar a su destino.

Luego de recibir el mensaje de una mujer me dirigí al lugar, personalmente nunca me había fijado en el hombre, pero la persona que se comunicó conmigo dijo que todos los días ocupaba el mismo asiento.

La señora manifestó con mucha desesperación que el señor tenía una gran herida en el rostro y que no recibía ayuda de nadie. Su preocupación no solamente se centraba en la gravedad de la herida, sino en que todos los días el hombre está solo y en el mismo asiento, esperando la ayuda de los transeúntes.

Historia. Ante la mirada atenta de tres mujeres y un niño que esperaban el bus en el lugar, nos acercamos al hombre que lucía muy abrigado, a pesar de que el calor era sofocante.

Con mucha atención me respondió el buenos días y cuando le pregunté cuál era su nombre, tuve que repetirle en tres ocasiones, porque tiene dificultad para escuchar y el ruido de un ayudante de bus, que gritaba el destino del transporte, hacía que mi pregunta no sea captada por el anciano.

Cuando por fin me logró escuchar, con mucha claridad me dijo que se llama Luis Antonio Valencia Suárez y tiene 86 años de edad.

El diálogo comenzó, a pesar de que el hombre no estaba muy interesado en hablar, cordialmente respondió a todas mis preguntas.

Lo primero que le dije fue qué le pasó en el rostro, porque era inevitable no fijarme en la herida que empieza desde su ojo izquierdo y baja por la mejilla, la misma que trata de cubrir con una gasa y esparadrapo. Su respuesta fue que tuvo una caída hace más de dos años, y que por una alergia a la piel, no ha podido curarse y se encuentra expuesta.

Me acerqué y vi que desde su ojo le drenaba un líquido sangroso, sin embargo Luis Antonio tenía semblante de estar acostumbrado al dolor que dijo sentir.

Realidad. Poco a poco fue contando sus cosas, dijo que vive en el sector de La Florida y que es padre de cinco hijos, pero que ya todos son casados.

Cuando le pregunté quien le esperaba en su vivienda, dijo que nadie, que hace 50 años se divorció de su esposa y que vive solo.

Enseguida le dije que cómo fue la caída que le provocó tal herida y dijo que su rostro se raspó contra el pavimento.

“En el hospital me cosieron, pero dicen que para esto no hay remedio”, dijo con tristeza, asegurando que desde que la herida fue creciendo su vista se afectó, sobre todo en el ojo izquierdo.

Testimonio. “Llego todos los días aquí a las 08:00 y me voy a las 13:00. De lo que pido caridad, compro algo de comida. Era contratista del Municipio, hacía adoquinados, empedrados y veredas, más o menos por el años 1965, muchos años trabajé en eso, la verdad ya no me acuerdo que alcaldes estaban cuando hacía las obras”, cuenta Luis Antonio, mientras un niño le puso una moneda de cinco centavos en la tarrina de plástico en donde recoge la voluntad de los transeúntes, que para dicha mañana, cerca de las 11:00, únicamente alcanzaba los 60 centavos.

Asegura que tiene una fuerte afección en la piel y que la herida le arde, pero no ha perdido la esperanza y todos los días, en sol o lluvia, llega al mismo sitio, ya que con lo poco que recoge, compra algo de comida, o recibe de regalo algún alimento y luego se dirige hasta su casa.

Su rutina se repite a diario, quienes tienen sus negocios o trabajan por el sector están acostumbrados a su presencia, sin embargo desconocen si reciben alguna ayuda del Estado o de una institución.