“Sobre mi pecho sentí las llantas”, el testimonio de un ciclista

Andrade Marín. “Dijo que ya regresaba, confié en su palabra porque el dolor en mi brazo y rodillas era insoportable, pero no volvió”, así empieza su relato Marco Játiva.

El joven se refiere al conductor de una camioneta que lo atopelló el 10 de agosto de este año.

“Fuimos a pasear con mi tío y mi primo, en bicicleta, llegamos al Imbabura y después de ver el hermoso paisaje y sentir la tranquilidad que la brisa transmite, regresamos por la carretera del Cubilche”, manifiesta Marco.

Acontecimiento. El hecho se produjo en horas de la tarde. La pista era de bajada, así que conducía a gran velocidad, en la primera curva de la calzada no logró orillarse y ocurrió el accidente de tránsito.

Luego del accidente, el conductor de la camioneta de servicio público dijo que regresaría luego de terminar su trabajo, pero no volvió.

Como consecuencia del impacto, el ciclista no podía moverse, así que sus familiares no esperaron al conductor e inmediatamente lo trasladaron al Hospital “San Vicente de Paúl”, en Ibarra.

Testimonio. “De lo que recuerdo, la llanta izquierda delantera del carro pasó por encima de mi brazo, casi me pisa la cabeza y por lanzar la bicicleta, me golpeé las piernas. Es algo del destino que siga con vida”, dijo con la voz entrecortada.

Intervención. Una vez llegó al hospital le realizaron radiografías en las partes afectadas.

El accidente le ocasionó una desviación en el hombro, fisura en el brazo izquierdo y daños a las articulaciones de los meniscos de las rodillas.

Así que, tuvieron que realizarle una intervención quirúrgica en las rodillas, además de enyesarle el brazo para evitar que el daño pase a mayores. Tres horas después de haber ingresado al hospital, le dieron de alta.

Secuelas. Han pasado 22 días desde el trágico accidente, “tengo dificultades para extender o encoger por completo mis rodillas, necesito terapia para moverlas y si no tengo cuidado, puede terminar en artrosis”, explica Marco.

Él considera que las afectaciones psicológicas son las más graves, “todo pasó tan rápido, salí de mi casa sin imaginarme que podía ser la última vez que vería a mi familia, aún tengo la sensación de las llantas del carro en mi pecho”.

“Fue culpa de los dos, yo estaba sin protección y el conductor del vehículo no pitó para alertarme que se acercaba, eso es muy necesario en una curva, ya que prácticamente es un punto ciego” culmina diciendo el joven ciclista.

Al preguntarle por qué no ha denunciado el accidente, Marco respondió: “Solo quería que el dolor termine, mi tío estaba desesperado porque no podía moverme, confiamos en la palabra del chofer y no apuntamos la matrícula”.

Más detalles. Además de las heridas físicas, los daños también fueron materiales.

La bicicleta está valorada en 400 dólares y el arreglo en 60 dólares, se dañó la parte delantera, quedando inmóvil el volate y con la llanta torcida.

Los gastos han sido asumidos por la familia.