Sigue adelante a pesar de no ver

Ibarra. María Juana Tulcán Quilumba, de 70 años, es una mujer que no pierde sus ganas de salir adelante. Una enfermedad le quitó la vista pero eso no le ha impedido que siga con la venta de sus productos en el Mercado Amazonas.

Su vida. María, oriunda de Aloburo, proviene de una familia humilde y de escasos recursos. Es la última de ocho hermanos.

Sus ganas de caminar adelante la llevaron a salir de su hogar para vender productos en el centro de la ciudad. Es madre soltera y sus seis hijos han formado sus propios hogares por lo que hoy en día vive sola.

Arduo trabajo. Cuando inició su trabajo como comerciante contaba con buena salud. Con el paso del tiempo ha venido teniendo problemas que le han complicado sus ventas y su manera de llevar su vida diaria.

“Perdí la vista hace tres años por culpa de un derrame. Además tengo problema de diabetes pero es complicado para mí el irme a hacer ver y seguir un tratamiento en Quito porque es costoso y no se gana mucho”, dijo la comerciante.

Además mencionó que ya se hizo revisar recientemente gracias a una de sus hijas, pero necesita de una mayor atención para que su enfermedad no se complique más.

Sigue adelante. Las enfermedades y la soledad no han sido un impedimento para la ciudadana que se las ingenia para viajar todos los días desde la calle Juana Atabalipa hasta el Mercado Amazonas. En su recorrido siempre trata de ir con mucho cuidado porque ya no puede caminar como antes. Con mucha cautela llega cerca de las 10:00 y suele levantar su puesto a las 17:00.

“Últimamente no he podido vender mucho. Me ha tocado salir de mi puesto para lograr que la gente compre algo. Desde que pusieron acá atrás a las ambulantes se han afectado las ventas”, dijo María Juana.

Respaldo de la gente. Para la ciudadana el seguir con su vida ha sido un poco complicada por la pérdida de la visión. Pero entre sus problemas de salud ha contado con personas de buen corazón que le han ayudado para que pueda ir de un lado al otro. “La gente del mercado me suele ayudar para movilizarme. Los conductores de los buses de igual manera me ayudan a subir y bajar. Estoy agradecida con ellos”, expresó con mucha gratitud.

María Juana no puede decir lo mismo de sus familiares porque ya casi nada sabe de ellos. “El ser pobre ha sido para que la familia se aleje”, dijo la comerciante.

Pedido. María se ha convertido en una mujer ejemplar para las demás comerciantes del mercado. Ellas comentan que es una persona que se debe admirar por su esfuerzo y constancia para salir adelante, a pesar de sus enfermedades.

Respaldo de la gente. Sin importar el clima María Tulcán está para ofertar sus productos. Ella pide a las personas de buen corazón que le respalden comprando lo que oferta para de esta manera poder reunir y poder viajar a la capital para que se pueda realizar los exámenes médicos.