Sentirnos tan cerca, pero tan lejos

A veces, acostados en la cama, María y yo no estamos acostados en la cama.
A veces, en el espacio donde debiéramos compartir las cosas de los dos, incluido el amor, no estamos en el espacio donde deberíamos compartir las cosas de los dos, incluido el amor.

A veces, mientras desayunamos juntos, María y yo no desayunamos juntos.
A veces, cuando salimos a pasear juntos y a comer algo y a ver una película en el cine, María y yo no paseamos juntos ni comemos algo juntos ni vemos una película juntos.
Ella está pendiente de lo que pase en su celular y yo estoy pendiente de lo que pase en el mío.
Ella está a la expectativa de mirar qué pasa en el mundo a través de Twitter o de Facebook y yo estoy a la expectativa de lo que pasa en el mundo a través de Twitter o de Facebook.
¿Eso quiere decir que no sentimos nada el uno por el otro? No. Cuando alcanzamos a mirarnos a los ojos y dejamos de mirar las pantallas de nuestros teléfonos y nos olvidamos por momentos de responder los mensajes o de tuitear o de mensajear, nos decimos cosas lindas y nos damos besos, nos abrazamos y nos juramos amor eterno.
Y entonces nos damos cuenta de que a veces no nos amamos ni nos miramos ni pensamos en lo cerca que estamos el uno del otro, sino en la terrible distancia que nos impone el celular.

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@rd_bui