Sector tradicional sin directiva

El barrio La Merced es uno de los lugares más comerciales de la Ciudad Blanca, Sus principales atracciones son las tradicionales nogadas, los fotógrafos con sus caballos de madera y el Centro Cultural EL Cuartel. El sector no tiene una directiva desde hace más de ocho años.


El barrio está ubicado en parte del centro histórico de Ibarra y sus límites son las calles Simón Bolívar, Manuel de la Chica Narváez, Miguel Oviedo y Eusebio Borrero. En este sector está ubicado El Municipio de la Ciudad Blanca.
Hasta hace ocho años la organización del vecindario era constante, desde la renuncia del último presidente Orlando Orbes, quien ejecutó las funciones por seis años, nadie más se hizo cargo y no tienen representante legal.
El centro del sector, es el parque La Merced en el que a diario hay gente que transita y se detiene a descansar, otros laboran y se ganan la vida a través de venta de comida, limpieza de zapatos, fotografías y periódicos.
Junto al monumento central en el que se representa a Víctor Manuel Peñaherrera, están los tradicionales fotógrafos con los caballos de madera, Héctor Rosero es parte de la tercera generación y su vida se ha desarrollado en este lugar.
Los ibarreños que viajan a otras ciudades a visitar a sus amigos y seres queridos, en ocasiones, llevan las nogadas y dulces elaborados artesanalmente que se venden en el parque.
“Las ventas han bajado un 50%, los ibarreños ya no vienen como antes. No hay directiva en el barrio y es necesario para realizar actividades entre quienes laboramos en los negocios y moradores de la zona”, dijo Víctor Núñez, representante de los comerciantes de las nogadas de La Merced.
Nueve artesanos producen los dulces que se conocen como tradicionales en Ibarra, nogadas, arrope de mora, melcochas, entre otros postres.
Una de las iglesias más visitadas en la ciudad se encuentra frente al parque en la calle Sánchez y Cifuentes, la Basílica de la Merced recibe los domingos en siete misas un aproximado de dos mil personas. Este hecho es aprovechado por los comerciantes que venden en la salida humitas, tortillas, quimbolitos y más productos.
En el parque siempre se visualiza entre semana indigentes, durante los últimos ocho meses una mujer hizo su residencia en este espacio público. Los domingos por la afluencia de gente a la misa llegan entre 20 y 30 personas a pedir caridad.
Orbes recuerda que en el lugar existía mucha unión entre los vecinos y que cuidaban los bienes de todos quienes pertenecían a este sector, pero que ya no están los mismos moradores de siempre y que las tradiciones y tiempos de compartir no se han vuelto a hacer.
“En Navidad se hacía las novenas y participaban más de 150 niños con sus hermanos y padres de familia, ya no hay quién organice nada. Muchos preguntan cuándo se volverá a hacer algo, pero cuando se buscó representante nadie se hizo cargo”, dijo.
En estos espacios existían varias viviendas, pero por lo concurrido del sector lo que más hay ahora es locales comerciales.
La delincuencia es una de las preocupaciones que más existieron en el lugar, ya que hace aproximadamente dos años los robos eran casi a diario, ahora la seguridad ha mejorado. “Ya no se escucha sobre robos, pero en la noche algunos no nos atrevemos a pasar”, comentó José Lara, trabajador del sector.
En la noche el parque no tiene la iluminación adecuada y esto permite que existan oportunidades para que se ejecute un delito.
Gonzalo Toro, trabaja vendiendo periódicos en el parque por aproximadamente 30 años y comentó que ahora el lugar está tranquilo, pero que al oscurecer en los espacios del parque “no se ve nada”.
Hay moradores y comerciantes que manifiestan que se necesita formar una nueva directiva.