Se perenniza el nombre de Fausto Yépez Almeida, un ciudadano ejemplar

El “Caballero de la ibarreñidad”, Fausto Yépez, aquel que se ganó el respeto y consideración de todos, tendrá su reconocimiento el próximo sábado cuando se devele su busto en la avenida que llevará su nombre, perennizando de esta manera su nombre, personalidad y ejecutorias.

Fausto Yépez Collantes, su hijo, se mostró orgulloso de lo que representó su padre para Ibarra e Imbabura y nos compartió una semblanza de Faustito como lo tratábamos con cariño.

¿Quién fue Fausto Yépez?
En Ibarra, aún camina por sus calles el espíritu de Don Fausto Yépez Almeida. Cuando nació, en 1928, la urbe continuaba levantando casas de paredes anchas por temor a un nuevo terremoto, en medio de buganvillas y palmeras.

Años más tarde, aquel joven de bigote, amplia sonrisa y zapatos lustrosos, acababa de sorprender a sus paisanos con una bicicleta a motor, que lo lleva por las empedradas calles, hasta los pacientes que esperan por una inyección.

Durante décadas estará al frente de su querida “Botica Ibarra”, en el parque Pedro Moncayo y la evocación de su ceibo, preparando, al inicio, pócimas con láudano, hasta ser conocido como el “Señor de los Remedios”, apelativo que no le agradaba mucho, pero así le conocían en el argot citadino, quienes tuvieron, gracias a su conocimiento y experiencia, cura a sus dolencias, en medio de su colección de llaveros, estampillas, cuadros famosos e imágenes religiosas, artilugios médicos, etc.

“Caballero de fina estampa”
Al mirarlo cruzar el parque, es como si el abuelo de todos caminara con dirección a una ciudad evocada en medio de la bruma.

La “Botica Ibarra” fue ese lugar donde se respiraba historia, civismo, documentales, archivos recordatorios, acuerdos, sorpresas y curiosidades, lo pasado viviendo con el presente. Todo con la originalidad austera del hombre que, a su momento, supo entregar a la ciudad su espíritu patriótico, con la estirpe de la sencillez que con más imparcialidad y justicia, ilumina y eleva a la condición humana.

Aprecio y valor
Las instituciones, tanto públicas como privadas han sabido apreciarle y valorarle, por su aporte a la música, fue filatélico, escritor, recopilador de la historia de Ibarra y sus vivencias tanto escritas como fotográficas, hombre bueno con personalidad fraguada en el crisol del trabajo, de la buena vecindad, del gesto amable y respetuoso, eso representa Fausto Yépez Almeida en nuestra ciudad.
Por los distintos sectores que incursiono, fue dejando una lección pragmática y magnifica de patriotismo y sentimiento ciudadano.

Fue Bioquímico de profesión, Jefe Político, Gobernador, en dos ocasiones concejal, socio honorario de la CCE-I, socio del Rotary Club de Ibarra, presidente de la Cruz Roja Ecuatoriana, Miembro fundador de la asociación cultural Amigos de Ibarra donde fue el gestor de los 8 tomos de la Nueva Monografía de Ibarra, Presidente de la Mutualista Imbabura, entre otras variadas e importantes designaciones.

Nunca le sirvieron para elevarse en la vanidad y el egoísmo, tampoco para desconocer la valía de otros ciudadanos. Su espíritu, más bien, volaba procurando integrar alianzas de mutua consideración fijando su mirada en el porvenir de su ciudad culturalmente educadora, tradicionalmente acogedora, socialmente tranquila sin distinciones ni fronteras.