Se busca recuperar nombres de tres lagunas locales

Ibarra. Diego Suárez tiene 30 años y recorrió el país como turista desde Bogotá, con la inquietud de conocer la ruta de los volcanes y llegar hasta el Chimborazo. Pero su percepción del turismo cambió cuando conoció la provincia de Imbabura.

En su recorrido comprendió la razón por la cual la conocen como la Provincia de los Lagos y porque se ha ganado la denominación de Geoparque Mundial por toda su “riqueza de paisaje y cultura”.

En esto coincide César Cotacachi, director de la Corporación ‘Taita Imbabura’, pero le llama la atención la escasa indagación respecto al tema etno-ecológico; lo que ha motivado a este fotógrafo y especialista ambiental a emprender varias propuestas de investigación. Entre estas está el estudio del origen y el significado de los nombres propios de los recursos geo-

gráficos que para el caso son: lomas, montañas, quebradas, ríos, vertientes lagos y lagunas imbabureñas.

Toponimia. Es la ciencia que estudia el origen de los términos y que según la propuesta de Cotacachi, hay tres lagunas en la provincia que han variado sus nombres desde la época incaica y la colonial.

Uno de los ejemplos más notables es el caso de la laguna de San Pablo, cuyo nombre original es Imbakucha, según hacen referencia las crónicas.

Para Cotacachi existe mucho conocimiento científico en los ancestros y que gracias a la “refundación española”, se quiso borrar y reemplazar por la lengua castellana.

Por esta razón incluso la nominación de las ciudades tienen la dedicatoria a un santo católico como por ejemplo San Miguel de I-barra, Santa Ana de Cotacachi, San Luis de Otavalo, San Pedro de Pimampiro, entre otros.

Otro claro ejemplo de la investigación realizada por el experto está la diferenciación en el nombre de Atun-taqui, cuyo título original es Tontaquí y no Hatun – Taqui (Tambor Grande) como se quiere posicionar al nombre, desconociendo la tradición oral de los ancestros.

Las vocales. Pero la explicación va más allá. Cotaca-chi considera que la modificación de algunos nombres viene desde la época incaica.

El quichua (Kichwa) de la zona de Imbabura no contempla el uso de las vocales abiertas E y O, como si lo tiene el quechua que vino del sur, específicamente desde el Perú y que ambos se mezclaron con el tiempo.

La Propuesta. “He criticado también que para establecer el quichua (como una lengua local) no debieron haberse reunido solamente lingüistas sino también un equipo más multidisciplinario en el cual formen parte expertos en el tema ancestral, porque muchas de las palabras encierran conocimiento y con una sola palabra que nosotros estemos olvidando desaparecemos una parte de la historia”, refirió.

En estos ejemplos están casos como el de la laguna de Yahuarcocha que debería llamarse “Yawarkucha” o Cuicocha cuyo nombre original es “Kuykucha”.

“Debemos hacer un trabajo interesante para conjugar estos dos conocimientos el occidental y el tradicional para crear productos no solo turísticos, sino también aquellos comerciales y darla marca única a lo icónico de la provincia”, agregó.

Para Cotacachi hay que dejar de comparar el turismo de la provincia con otros sitios del país, cada uno tiene su nombre y característica propio.

Cotacachi citó ejemplos concretos como el de Quito y su Centro Histórico, y se podrán sumar, Loja y su Festival de las Artes Vivas. En la actualidad, esta provincia es considerada uno de los siete geoparques mundiales, sin embargo la vigencia de esta “marca” es de cuatro años según la propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco por sus siglas en inglés), indicó.

Las crónicas detallan que el nombre de la laguna de San Pablo (Otavalo) era antes Imbakucha.
Esta laguna esta situada a 3 068 m.s.n.m, sobre un crater volcánico, se conoce como Cuicocha, pero debería decir Kuykucha..
Yawarkucha debería ser la manera correcta al referirse a esta laguna, que en los libros y revistas de turismo se lee Yahuarcocha.