Cuando no se está de acuerdo con algo relacionado con el trabajo, se hace los correspondientes reclamos a los jefes o autoridades superiores, pero, si a pesar de esos reclamos la situación no se modifica, hay que “saber renunciar” como una forma de protesta. Es lo que acaba de hacer el embajador Francisco Carrión, quien tenía a su cargo la embajada en EEUU. Él no estaba de acuerdo con los mecanismos que avalaban los vuelos de naves norteamericanas desde San Cristóbal, Galápagos y se lo hizo saber al Canciller Valencia. Ante la ninguna respuesta a sus reclamos, tomó la opción de dejar su cargo, pues estos vuelos están en contra de lo que dice la Constitución sobre prohibición de presencia de tropas en el territorio nacional, por más que el fin de dichos vuelos sea el control del narcotráfico en esos sectores del Oceano Pacífico. El Ecuador está manejando una política de combate al tráfico y de prevención del consumo de drogas y para eso tiene que establecer convenios con otros países, pero ninguno puede vulnerar la norma constitucional. Nos alegramos que la Asamblea Nacional convoque al Canciller, al Ministro de Defensa y al embajador Carrión con el fin de que se pueda transparentar el convenio internacional con EE UU sobre este tema, caso contrario debe buscarse otros mecanismos que no vulneren nuestra soberanía, pues, como lo dijimos en un artículo anterior, Galápagos no es portaaviones de nadie, es Patrimonio Natural de la Humanidad y debemos conservarlo como tal.